domingo, 4 de febrero de 2018

TDL: Con Amigo de la Infancia, Poca Tolerancia

TEST DE LEALTAD

Una nueva e incipiente moda da cuenta de mujeres que se ponen al servicio de la pareja para testear y comprobar la real calidad de las relaciones de sus maridos. Estas mujeres, verdaderas leonas de manada, cuidan de sus hombres hasta el punto de poner el cuerpo en la difícil tarea de detectar si los amigos, socios o parientes de su marido son confiables.
La metodología es sencilla: ellas se producen bonitas y provocan situaciones para quedar a solas con el sujeto a evaluar. Si los hombres se les insinúan, es clara señal de que no son dignos de confianza.

En este foro solo publicamos los testimonios de los protagonistas que pusieron a prueba aquellas lealtades insospechadas, y sus sorprendentes resultados.


3. Con Amigo de la Infancia, Poca Tolerancia

Cebito: Yo no sabía que existía un test tan genial como éste. Me vino bien, porque últimamente mi mejor amigo Alex estaba un poco raro conmigo, incluso distante y medio cortado, y comencé a cuestionarme si nuestra amistad resultaba tan sólida como cuando éramos adolescentes. ¿Era mi amigo el mismo de siempre? ¿Seguíamos inseparables (hermanos de la vida) como años antes, o la adultez indefectiblemente nos había alejado? ¿Podía confiar en él? Y si era así, ¿cuánto?
Con estas preguntas en mi cabeza y corazón, y mi mujer Isabela a mi lado, dimos un buen día con este polémico test en internet, y decidimos hacerlo.
Ya saben, se trata de poner a mi amigo a prueba. Una prueba de códigos y lealtad para conmigo. El señuelo es mi mujer, sexy y provocativa en la medida de sus posibilidades (no le sale muy bien el papel de come-hombres, ya verán). Hay que crear una ventana de oportunidad (así le dicen en la página) y esperar los resultados. Si tu amigo quiere propasarse con tu mujer, el test está hecho: no podés confiar en alguien que te traicionaría a la primera oportunidad. Y si él, como casi siempre sucede, no hace nada, tu amigo sí es de fiar y pasa la prueba de la lealtad.

Cebito: Así que una tarde llamé a mi amigo Alex, a quien conozco desde la infancia, y le dije que Isabela andaba por la zona y yo le había pedido que pasara por su casa a buscar unos papeles de mi seguro de vida, que él maneja. Alex no tuvo ningún problema, al contrario, pareció entusiasmado. Es que todos mis amigos conocen bien a Isabela, nos vemos en algunas salidas y en mi cumpleaños, que ella siempre me organiza con ayuda de ellos.

Isabela: Cada año me junto con los amigos de mi marido para que me hagan la fiesta para él, es decir, que me ayuden con todos los preparativos. Siempre es un festejo sorpresa, por eso nos vamos juntamos a escondidas de él en las casas de los chicos, un día en cada casa porque los preparativos nos toman muchos días. Al punto que varios años hemos llegado a juntarnos casi todos los días desde un mes antes del cumple de Cebito. Cuatro o cinco horas dándole duro a la organización del evento, ellos dándome una mano y poniéndose firmes para mí, todos juntos o de a dos o tres, especialmente Alex, que es con quien más me abro y más profundo me conoce, por aquel malentendido que tuve con mi jefe y Cebito, y en el que Alex hizo recapacitar a mi marido para que no me deje.


Isabela: Por eso yo estaba segura que iba a pasar la prueba, que iba a estar a la altura y grosor de las circunstancias. Aunque más vale prevenir que lamentar en estas cosas. Así que me puse ese vestidito rojo ajustado y ultra corto, que mi jefe siempre me dice que me hace muy muy puta. Yo ya no confío más en mi jefe, lo mismo que Cebito. Igual no es el único que me dice eso cuando me lo pongo para acompañarlo a ver al dueño de la empresa (mi jefe insiste en que vaya vestida con este tipo de ropa porque cada vez que me deja a solas con el dueño, él siempre termina recibiendo un bono.)

Isabela: El tema es que Alex nunca me había visto así, y por más que era un amigo confiable, tengo que admitir que me comió con la mirada. Me dijo que estaba impactante y me hizo chistes tontos sobre lo bueno que era que yo fuera por los papeles y no el cornudo de Cebito (así lo dijo, obviamente en broma).


Cebito: Este es el trasero de mi mujer. ¡Díganme si no es hermosa! Sé que soy un hombre de suerte: esa cola (pero además todo ese cuerpito) es y será solo para mí. Claro que afortunado en el amor...

Isabela: Con ese tipo de vestido se te va subiendo el ruedo a cada paso. Me hice la distraída y caminé un poco, para que Alex me mirara y ver si decía algo. Y claro, el ruedo se fue subiendo. En instantes lo tenía al borde de la cola, y yo me seguía haciendo la tonta. Y el otro no decía nada…
Pero yo no estaba ahí para hacerle perder tiempo a mi marido, tenía que probar la lealtad de su amigo, así que enseguida me subí por completo el ruedo del vestido como para quitármelo desde arriba, y quedé en tanguita y medias de caña altísima, con liguero de puntilla y ligas, que me dijeron que a los hombres los excita. No me dio tanta vergüenza como creí porque no era la primera vez que Alex o los amigos de mi marido me veían así. Cuando nos reunimos para prepararle la fiesta sorpresa a Cebito, más de una vez entran por error a la habitación mientras me cambio, o al baño justo cuando estoy a punto de ducharme.


Isabela: En fin, me haya visto un montón de veces semidesnuda o no, la cuestión es que Alex por fin reaccionó. Se tomó la cabeza y me dijo un cumplido bonito que en principio parecía inocente:
—¡Pero qué pedazo de putón cósmico tiene Cebito de mujer! ¡Te partiría esa concha y ese culazo y te lo llenaría de leche, si no fueras la esposa de mi amigo!
Me gustó que lo respetara a mi esposo. Eso hizo que me mojara un poco. En general cada vez que sus amigos nombran a mi esposo, me mojo.


Isabela: Como Alex se mostraba ambiguo, decidí provocarlo un poquito más, siempre pensando en beneficio de mi marido. Me di vuelta mostrándole mi colita, me apoyé en la pared y le sonreí como si fuera una puta infiel que hace cornudo a su marido tres veces por semana, una en el gym con el de recepción, otra con mi jefe (cada viernes después de hora, como antes de que el cuerno nos descubriera), y otra con alguno de los amigos de Cebito, con los que organizamos las fiestas. No sé cómo, pero me salió convincente el papel de puta.

  
Isabel: …porque se me vino al humo en un segundo, se arrodilló y se llenó las manos de mi culo, y me besaba los muslos, la tanga sobre mi conchita, me manoseaba, me mordía con lujuria.
—¡Pedazo de puta te voy a llenar el culo de pija y leche como en cada cumpleaños del cuerno! —me dijo desesperado. Se ve que toda esta situación lo hacía delirar, porque nunca lo hicimos el día del cumpleaños de Cebito.

  
Isabela: Así que me senté y lo tomé del paquete, que ya me había dicho Michi, la mujer de otro amigo de mi marido, que era enorme. Yo ya sabía, porque así como Alex y otros chicos a veces entraban por accidente mientras yo me cambiaba o me duchaba al organizar el cumple sorpresa de mi marido, a veces yo también entraba por error cuando alguno se cambiaba o se estaba duchando.
Le froté el bulto para ver si estaba excitado o seguía siendo leal. Y bueno, la verdad es que como la tiene enorme, no me daba cuenta, en estos casos una nunca sabe si es porque la tiene parada o simplemente porque es cinco o seis veces más grande que la de su propio marido.


Isabela: Así que no me quedó otra que bajarle el pantalón, tomarle la verga grande y llevármela a la boca y tragarme el orgullo de buena esposa y empezar a mamarlo como si fuera una puta, como si me gustara la pija de cualquier macho. Fue una sensación rara y desagradable agarrar algo tan grande comparado con la de mi marido y abrir la boca para metérmelo adentro. Y comenzar a pajearlo y a cabecear mientras se la chupaba. No me entraba, pero con tal de desenmascararlo hacía el esfuerzo y poco a poco acomodé la garganta y me la fui metiendo completa. Alex ayudaba y me empujaba la cabeza desde la nuca.
—¡Tragá, puta! ¡Te la vas a comer hasta los huevos hoy!
Si algo me caracteriza es que me gustan los desafíos. Al final le gané la pulseada, más que nada para no hacer quedar mal a mi marido, y logré tragarme toda la verga hasta la base y lamerle apenas un segundo los testículos con la punta de la lengua. Me salían lágrimas de los ojos, me ahogaba, pero no me importaba, quería que supiera lo buena que era la mujer de su amigo.


Isabela: Supongo que fue por eso y no otra cosa que me le monté encima, para que envidiara a Cebito y para ver si de verdad se animaba a cogerme, es decir, a engañar a mi marido, porque hasta ahora solo eran vueltas indefinidas. Me clavé en su verga y me la mandó hasta el fondo con esa fricción suave y semi rugosa de la primera estocada, cuando estás empapada. No es que yo estuviera mojada de excitación, pero me había pegado una ducha antes de llegar. La verga me entró bien, aunque, como les dije, con ese trastabilleo de las vergas grandes en la primera clavada. Y en ese preciso momento me acordé de mi marido, como me pasa siempre cuando me mandan una estocada a fondo. Es que no hago otra cosa que pensar en él.
Me la clavé hasta la base y subí, y me la volví a clavar, para ver si era verdad que Alex no era de confiar. Y efectivamente me tomó de las nalgas y comenzó a bombearme hacia arriba mientras yo lo chocaba hacia abajo.
—¡Te estás cogiendo a la mujer de tu amigo, hijo de puta! —le dije para que recapacitara.
—Sí, putón, como todos los finde que el cornudo se va de viaje por trabajo…
¡Qué manera de alucinar! Era cierto que Cebito se va fin de semana por medio a Perú por trabajo, pero no siempre es Alex el que viene a ver que esté todo bien y cuidarme.


Isabela: Mientras me montaba arriba de la verga de Alex, le mandé un mensaje de texto a mi marido:
“Mi amor, no sé si tu amigo es de fiar o no. Me está empernando hasta los huevos pero ahora que lo pienso creo que yo me excedí en la iniciativa, él nunca me propuso nada”.
No sé qué me respondió porque por suerte y para desenmascarar a este falso amigo, Alex me quitó de arriba, me tomó de la cintura y me empezó a garchar en el borde del sillón.
—¡Tomá, puta, sentí la verga de un macho de verdad y no la pijita del cornudo!
—No le digas cornudo —defendí a mi marido, porque no iba a dejar que le faltaran el respeto— ¡Abrime más y mandámela hasta los huevos que me estoy por venir!
—¡Entonces te la suelto, hija de puta! Avisame cuándo y acabamos juntos…
Eso me indignó como pocas veces en la vida y empecé a acabar de bronca y frustración por la traición del amigo de Cebito.
—¡Ahhhhhhhh…!! Llename de leche! Llename de leche que estoy acaban…. Ahhhhhh…!
—Te la suelto, puta! Te suelto la leche!! Ahhhhhhhhhh…!!!
—Sí, sí, sí, sí… ¡Llename que se la llevo a tu amigo!
—¡Tomá, puta! ¡Tomá, tomá, tomá! Ahhhhh…


Isabela: Me estuvo acabando como dos minutos, llenándome de leche como un hijo de puta. Yo fingí ese orgasmo y luego durante la tarde, que volvió a cogerme, un par de orgasmos más, hasta que me di cuenta que aunque me había cogido ya en cuatro oportunidades, no tenía una verdadera prueba irrefutable de su traición.
Así que para la última vez, le pedí que me la echara en otro lado. Ya me había llenado de leche la concha, la boca y el culo. Esa vez se la pedí sobre la cola.
—¡Te la suelto donde más te guste, putón! ¡Y si querés te hago un hijo también!
Me la sacó del culo, pues el muy traidor me estaba entrando pija a fondo en la cola, la misma que al pobre Cebito no me animo a darle por miedo a que me duela, y comenzó a pajearse frente a mi culazo.
—Eso de hacerme un hijo el miércoles mientras el cuerno está en la oficina —le mentí para alentarlo.
Y se ve que sí lo alentó porque me empezó a regar las nalgas con toda su tibiecita leche de macho.
Me estremecí. Cada vez que me echan la leche en la cola me pone la piel de gallina. Es decir, las veces que me lo hacían ex novios antes de conocer a Cebito, porque la leche de Cebito tiene poca fuerza y no llega tan lejos.
Me tiró los tres o cuatro lechazos sobre las nalgas y le pedimos a un amigo suyo que había caído una hora antes que sacara la foto. Les dije que para mi colección, pero en realidad era para mostrarle a mi marido lo sucio, taimado y poco confiable que es su amigo Alex.
  

  
Cebito: Cuando vi las fotos y escuché el relato de mi mujer, de esas cuatro horas de pesadilla que tuvo que soportar, tuve sentimientos encontrados. Quizá mi amigo no era un traidor desleal. Quizá se vio obligado por la presión de ella. Es decir, algunos hombres (no yo) pueden sentirse obligados a actuar como machos ante una mujer que se les presenta fácil. Ya saben, como un mandato cultural machista.
Isabela me dijo que tenía razón, y que quizá ella se excedió demasiado en su celo por descubrirlo. Y antes de apagar la luz para irnos a dormir —yo con una erección tremenda por ver las fotos de mi mujer desnuda— ella tiró esa idea, como siempre más inteligentes que las mías.
—Deberíamos hacerle otra prueba, pero sin que yo le insista tanto. ¿No te parece?
—Sí, creo que sería lo más justo para con mi amigo —me le pegué a su cola, en cucharita, apoyándole todo mi miembro viril y erecto—. Mi amor, ¿qué te parece si…?
—Ay, Cebito, no te enojes, pero prefiero que esta semana no hagamos nada hasta que vuelva a la casa de tu amigo a desenmascararlo. Quiero estar bien concentrada para no equivocarme como hoy.
Fue una noche dura. Muy dura.

Fin.


BONUS:

martes, 26 de diciembre de 2017

Ante varias consultas...

Hola gente!
Por problemas en la vida real estuve ausente todo Diciembre tanto de este blog como del mail y de todo lo que hace al mundillo Rebelde Buey. Tampoco escribí nada (ni una sola frase) sobre ninguna historia de cuernos (sí estuve escribiendo otras cosas comerciales con afán de poder venderlo). No creo que Enero sea diferente, aunque no lo sé.
Lo que sí se son dos cosas:
- No hay nada de material nuevo ni en este blog, ni en ningún otro lado. Así que tranquilos, nadie se está perdiendo nada por no estar "actualizado".
- Lo próximo que se publique será anunciado ACÁ, EN ESTE BLOG, tanto el nuevo formato como los nuevos relatos.
- Oficialmente ÉSTE ES EL ÚNICO LUGAR donde se anunciará y publicará lo nuevo, lo que vendrá, sea lo que sea y cuando sea, que hoy por hoy no lo sé.
Bueno, eran tres cosas, jajaj

Rebelde Buey

martes, 14 de noviembre de 2017

Cambios en el Sistema del Blog

Hola, gente. Como habrán visto, subí una encuesta para precisar gustos y cerré la suscripciones en PATREON.
Este post es para informar cómo podría seguir el blog. Si resulta factible.

LO QUE VIENE:

a) Los relatos gratuitos siguen como siempre, publicados acá en la columna de la izquierda.

b) Desde DICIEMBRE habrá 3 niveles de suscripción: U$ 10, U$ 20 y U$ 30.
- U$ 10:
se publicarán 4 foto-relatos (1 x semana) + 1 relato PRINCIPAL (de los largos).
- U$ 20:
se publicarán 8 foto-relatos (2 x semana) + 1 relato PRINCIPAL (de los largos) + 1 Extra
- U$ 30:
se publicarán 12 foto-relatos (3 x semana) + 1 relato PRINCIPAL (de los largos) + 2 Extras o 1 Extra importante (por ejemplo, un comic comercial largo traducido o mayor influencia en la elección de temas, etc.).
NOTA: Estoy viendo la posibilidad de agregarle un extra más o algo a cada una de las TRES suscripciones, para reforzarlas. Pero debe ser algo que no me quite tiempo. Acepto sugerencias.

c) Los foto-relatos serán variados (puede venir un Test de Lealtad, un Diario de Filomeno, un CuerniX, etc.), y la densidad de los temas estará influida (no determinada) por el resultado de las encuestas, principalmente la hecha en PATREON (pues son los verdaderos suscriptores que apoyaron el proyecto).
Eso significa que -por ejemplo- los primeros 12 foto-relatos (el primer mes para los suscriptores de $30, o los primeros tres meses para los suscriptores de $10) tendrán 4 relatos de mujeres bobas, 4 de jefes, 4 de adolescentes, 4 de suegros y tíos abusadores, 3 de cornudos muy boludos, 3 de madres, 2 de cornudos sodomizados, 2 de esposas emputecidas (al menos), 1 o 2 de pre teens, 1 de embarazadas, etc.
Como ven, la cuenta da más de 12. Eso es porque muchos temas se juntan en un solo relato. Por ejemplo, en un relato puede haber un Tío abusador y una adolescente.
La mitad de los temas van a ser abordados en mini series cortas, la otra mitad serán secciones con relatos independientes.

d) Cada lector / suscriptor tendrá su propio blog donde se publicarán los relatos comprados, de modo que puedan acceder desde cualquier lado y no carguen de material porno sus PC o celulares.


PREGUNTAS FRECUENTES

¿Qué sucederá si un mes puedo suscribirme, pero otro no, y luego sí, etc.?
-Nada. Tu blog queda igual el mes que no pagás. Con cada pago se accede a los próximos relatos que están en fila. De ese modo ninguna historia va a quedar "salteada".
Por ejemplo: En ENERO suscribís U$10, y recibís los 4 foto-relatos de Enero + el Relato Principal de Enero. Luego volvés a suscribir en MARZO. Se publicarán en tu blog personal los relatos subsiguientes a tu propio "historial": los 4 foto-relatos que le seguían a los de Enero (por ejemplo, los de Febrero, aunque estemos en Marzo) + el Relato Principal subsiguiente.(otra vez, el de Febrero, aunque estemos en Marzo).
De esta manera nos garantizamos que todas las historias fluyan normal y no quede nada "salteado" por error.

¿Qué pasa si quiero cambiar mi suscripción de valor de un mes al otro?
-Siempre recibirás la cantidad de material que pagues.
Por ejemplo: En Enero pagás $10, en Febrero subís $30 y en Marzo bajás a $20.
Resultado:
En Enero recibís ........ 4 foto relatos + 1 relato principal.
En Febrero recibís ... 12 foto relatos + 1 relato principal + 2 extras
En Marzo recibís ....... 8 foto relatos + 1 relato principal + 1 extra

¿Cómo serán los blogs y cómo se accederá?
- Cada blog será secreto. No figurará en las listas de Google y no podrán ser leídos por personas no autorizadas.
- Cada blog será personalizado. La dirección del blog, el ID y la contraseña serán únicas para cada lector. Para acceder, cada lector deberá contar con un mail de Gmail. Si no lo tiene, se le proveerá uno con una clave. No hará falta poner el mail y el password cada vez. Ya te queda (obviamente, salvo que borres los cookies o estés en una sesión de incógnito)
- El blog podrá cambiar eventualmente de dirección web para complicar el fraude. En esa ocasión se le proporcionará la nueva dirección al lector, vía el mail de Gmail establecido.

¿Qué sucederá si dejo de suscribirme?
- El blog te queda para siempre. Si dejás de suscribirte, simplemente dejará de actualizarse. Recordá que si luego de mucho tiempo retomás la suscripción, la misma continuará la actualización desde el momento en que lo dejaste.
- La cola de relatos debe respetarse. No se podrán saltear meses ni relatos, esto no es solo para respetar la continuidad de los relatos sino también para evitar maniobras especulativas.

¿Puedo elegir entre recibir los relatos por semana o todos el primer día?
A partir de Enero*, sí para los suscriptores de $ 10.
A partir de Febrero*, sí para los suscriptores de $ 20.
A partir de Febrero*, sí para los suscriptores NUEVOS de $ 30.
En el caso de los suscriptores iniciales de $ 30, no (salvo que se des-suscriban un mes).
*Si todo sale bien.

No quiero recibir relatos de determinados temas.
Por ahora no hay alternativas, aunque las estoy estudiando.

¿Qué sucede si suscribo cerca de fin de mes?
Pagás por un pack de relatos. Vos decidís si los querés todos juntos ese día, o uno por semana desde el 1 del mes siguiente. O lo que quieras.

Leí los 4 relatos y quiero leer más. ¿Puedo suscribir a más de un pack en el mismo mes?
Sí. Podés repetir un pack similar o aumentarlo.
PERO OJO, tené en cuenta que si suscribís a un pack de —por ejemplo— $10, y luego a otro de $10, vas a acceder dos veces a 4 relatos (8 distintos en total) + el extra (que no tenías porque estaba en el pack de $20), pero el relato principal largo será el mismo, pues el relato principal es siempre uno por mes.

¿Qué pasa si pagué y no me gustó uno o más relatos?
Desgraciadamente, lo mismo que sucede cuando vas al cine y no te gusta la película.

¿Cómo se pagará y se entregarán los relatos?
Se pagará por adelantado con PayPal o tarjeta de crédito (vía PayHip o Patreon, si ya estás ahí) o MercadoPago (que incluye Pago Fácil y Rapipago, entre otros servicios), y luego de un plazo (determinado por los sistemas de aviso de cobro) se publicará cada blog personalizado.

Me gusta el sistema pero U$ 10 es mucho para mi economía.
- Estoy estudiando alguna alternativa en el rango de los U$ 5. El problema es que las comisiones de los servicios financieros es más alta cuando el precio es más bajo (pues cobran un fee mínimo fijo, además del porcentaje), así que no sé si prosperará.
Como alternativa sugiero suscribir al de 10 cada dos meses, que al cabo es lo mismo.

¿Cuándo comienza este sistema?
La idea es en Diciembre. ¿Llegaré?


MÁS INFO:
- El material publicado en Patreon durante Agosto, Septiembre y Octubre se venderá como pack aparte, para quienes lo quieran. Cada pack traerá y valdrá lo mismo que en Patreon.
- Habrá más encuestas.

viernes, 29 de septiembre de 2017

Infancia Suburbana (01)

INFANCIA SUBURBANA

Capítulo Uno: Milton
(VERSIÓN 2.0)

Por Rebelde Buey

Los hechos que cambiarían mi vida para siempre comenzaron una mañana de primavera. Habría sido un sábado porque me hallaba en casa y no en el colegio. Recuerdo que todo el mundo estaba conmocionado.
En aquella época y para mis diez años, "todo el mundo" significaba las dos o tres cuadras alrededor de mi casa. En esa distancia vivían mis amigos y la chica que me gustaba, abría sus puertas el club donde jugaba fútbol, y estaban la panadería y la verdulería y el almacén. Todo lo que estuviera fuera de ese perímetro tenía una existencia difusa.
El revuelo en el barrio iba acompañado de cierta excitación en el ambiente. En especial entre las mujeres. Yo no lo advertía tan claro, pero notaba algo en ellas: risitas, nervios... A seis casas de mi propia casa había una edificación a medio terminar. Un camión descargaba materiales y un puñado de personas se arremolinaba en torno de algo que no llegaba a ver.
Me acerqué al grupo. La mayoría eran mujeres, todas invariablemente alborotadas. También estaban mi padre y don Tito, el viejo de la esquina. Llegué al gentío y atravesé el cerco de faldas y pantalones apretados y finalmente lo vi. Ahí estaba, en el medio de todos. Solo. Risueño. Cargando arena con su sonrisa enorme y el torso desnudo y transpirado. Los movimientos le marcaban los músculos y él jugaba con eso. Era fibroso y grande. De altura y de contextura.
Y era negro.
Era igual de negro que los negros que había visto en la tele. O quizá no tanto. Pero era negro.



Tiempo después percibí que el negro causaba algo raro también en mi mamá. Fue en una cena. La charla había girado en torno a Milton —el negro— y de lo que iba a tardar en mudarse. Parecía que la casa estaba aun sin terminar, unas semanas de lluvia habían atrasado la construcción y Milton estaba por ser desalojado del lugar en el que estaba viviendo.
Mi madre estaba al tanto de todo. Lo había averiguado con el chismorreo del barrio, pues entre las mujeres —especialmente las casadas más jóvenes— era el tema de conversación casi único y del que más se traficaba información. Milton viviría en la intemperie hasta que terminara de poner al menos el techo. Todo el barrio estaba afligido. Bueno, solo las mujeres. El negro era por demás simpático y entrador, y ya todos se habían encariñado con él.
Este tema se llevó toda la charla de la cena. Y cuando sirvió el café, mi madre dejó sobre la mesa su idea. O fantasía.
—¿Y si lo dejamos vivir unos días acá?
Papá se congeló. Pero un segundo después, mi mamá amplió lo que había querido decir.
—No acá adentro, por supuesto. Atrás, en el galpón. Le tiramos un colchón y listo. Total, son un par de semanas.
Papá estaba evidentemente sorprendido.
—¿Acá? ¿Estás loca? ¿Y la comida? ¿Y todo lo demás?
—Para lo único que se metería en casa es para ducharse. Si el pobre se la pasa trabajando de sol a sol... Está todo el día en la construcción, ni siquiera corta para comer.
Yo los miraba a los dos. Mi padre seguía sorprendido, pero se notaba que veía atenuantes en lo que había entendido al principio. Dudó por una eternidad. La miraba a mi mamá y a la casa alternadamente. Hasta que me miró a mí. Y yo dije aquello, sin siquiera saber muy bien por qué.

—¿Qué tiene de malo? Ustedes siempre dicen que los vecinos deben ayudarse, y él… va a ser vecino en dos semanas.

Continúa y se publica un capítulo por mes (nivel Full) en: 

sábado, 23 de septiembre de 2017

CuerniX: Nuevo Foto-Relato 2017

Luego de mucho tiempo vuelve un nuevo foto relato de CuerniX, con el mismo formato y el mismo estilo morboso y divertido.
Disponible en patreon.com/rebeldebuey para la Suscripción Full.


click en la imagen para agrandarla

domingo, 17 de septiembre de 2017

El Club de la Pelea (03)

Gimena llegó a la casa más tarde que de costumbre, angustiada, al borde del llanto. La esperaba Benigno, que esa misma semana había decidido no acompañarla más al club, para evitar que los borrachines del bar —o el Profe— quisieran golpearlo y terminaran cogiéndose a su mujer. Lo que no fue tan fácil, hubo toda una discusión que duró semanas. Gimena quería que siga yendo, ella se sentía más protegida con su presencia.
—¡Qué protegida si siempre te terminan cogiendo!
—Eso es por culpa tuya que te la pasás armando lío. Pero si vos no vas, esos tipos me van a molestar.
Benigno siguió yendo un mes más hasta que, de a uno, se la fueron cogiendo todos. Uno por uno, uno tras otro. En el cuartito de los trastos no faltó nadie sin probar a su mujer.
Era patética su situación, pobre Benigno, porque por supuesto no lo respetaba nadie en el club. Llegaba con su mujer, que siempre vestía bonita y sexy —porque la ropa de patinaje es así—, y los sinvergüenzas del bar lo relojeaban con sorna y cruzaban comentarios risueños. La miraban a su mujer como si fuera una cosa, y ni siquiera una cosa sobre la que él tuviera alguna potestad. Gimena parecía disfrutarlo o, en tal caso, no le molestaban esas miradas ni los comentarios descarados.
—¡Cómo te hicieron gritar el lunes en el cuartito, Gimena! ¡Se ve que no te atienden bien en casa jajaj!
Y Gimena reía, o actuaba de ofendida pero sonriendo. No era tan grave porque cualquiera de los presentes sabía que a esa mujer se la fueron cogiendo todos, un día a la vez. Pero ni siquiera protestaba cuando los parroquianos trataban a Benigno de cornudo.
—Cuerno, ¿quiere que le prepare algo para cuando le garchen a su señora?
Benigno odiaba que dieran por sentado que en el transcurso de la tarde alguien le iba a coger a Gimena. Claro que antes de la hora, invariablemente siempre, su mujer terminaba en el cuartito, gritando por más pija. Era una derrota segura en cada encuentro. Y fueron muchos, y resultaba demasiado humillante. Fue así que un día dijo basta.
—¡Ya está, ya te cogieron todos los del bar! Ya nadie se va a propasar con vos porque ya todos se propasaron, así que ¿para qué voy?
—¡Hablás como si me gustara, me estás tratando de puta!
Aunque eso derivó en una pelea, Benigno se mantuvo en su idea de no volver jamás.
Por suerte el primer día que fue sola, el lunes, Gimena ya vino del club con muy buen humor. Le dijo que al final terminó garchada igual, que justo cuando se estaba regresando cayó Antonio, el parrillero, y que así como la vio, la tomó de la mano y se la llevó al cuartito. Que ella no quiso, que le dijo que no estaba bien que una señora seria le hiciera eso a su marido, y le aclaró a Benigno que mientras ella sostenía en una mano su bombachita y trataba de mantener las piernas abiertas para que la verga de Antonio le entre más a fondo, el parrillero le dijo que era eso o ir a su casa a golpear “al cornudo de tu marido”. Y que entonces Gimena no tuvo elección.
Benigno no supo si enojarse o aliviarse. Optó por callar. Y para el miércoles no hubo forma de que su mujer llevara puesta ropa interior.
—Por si alguno todavía quiere pegarte —le explicó.
Así quedó Benigno en su casa, esperándola.
“Me la siguen cogiendo… me la siguen cogiendo…”, pensaba en la semipenumbra del living. Iba a decirle a Gimena que basta, que por más que le gustara, abandone las clases de patinaje, y especialmente el club y sus inmediaciones. Hasta que la vio entrar casi en un llanto.
—¿Qué te pasa, amor? —le preguntó, preocupado— ¿Qué te hicieron ahora?
—Esos hijos de puta…
—¿Qué…?
—Esos viejos de mierda del club…
—Amor, me estás asustando.
Gimena se acurrucó en el pecho de Benigno y se dejó abrazar, y ahí largó el llanto. Fuera lo que fuera que le había sucedido, Benigno no se lo podía imaginar: su mujer había sido cogida por todos los viejos del club. Había sido usada, sodomizada, sola o en presencia de él. ¿Qué podía ser más grave?
—El presidente y el vice… no me renovaron el carné de socia… Dicen que hay cuotas impagas.
—¿Qué? —para cualquier actividad del club había que hacerse socio (excepto para tomarse una grapa en el bar de borrachines). Este era el octavo mes de Gimena allí, y él mismo se había encargado de las cuotas.
—Quieren que vayas a regularizar mi situación o no me dejan hacer más patinaje. Yo me ofrecí a arreglar de cualquier manera, pero después del segundo dijeron que sigue faltando plata. Yo no entiendo nada de finanzas, mi amor, pero no quiero perderme la fiesta de fin de año, vienen tipos grosos de otros pueblos y quiero mostrarles todo lo que estoy aprendiendo, por favor, arreglalo, hacé algo, por fa…
—¡Pará, Gime, pará! Estás histérica, calmate, yo lo arreglo.
Ella hipó casi desde la nariz y levantó los ojos hacia él.
—¿Seguro?
—Sí, mi amor, habrá pasado algo con el débito automático, no debe ser nada.
Gimena se soltó de los brazos de Benigno, ya sin llorar.
—Me voy a descansar, entonces.
—P-pero… Mi amor, pensé que hoy me tocaba… que íbamos a…
—Ay, ya sé que te lo prometí y otra vez te voy a fallar, pero hoy tuve que estar con el Profe y dos amigos que le cayeron de Buenos Aires y me dejaron muerta… Ya sabés, porque te querían pegar…
—S-sí, entiendo…
—Mañana vamos a hablar con esos viejos sinvergüenzas, ¿no? Ahora me voy a duchar y a dormir. Besos, mi amor.

Benigno se sorprendió del cambio de humor y de lo rápido que su mujer se le despegó. La vio caminar hacia el pasillo meneando el culazo que cada vez se le estaba poniendo más orgulloso a fuerza de patinaje… y del cuartito.

CONTINÚA EN REBELDE BUEY FULL ►AQUÍ

martes, 12 de septiembre de 2017

El Club de la Pelea (02)

—¿Te tenés que ir vestida así, amor?
Benigno tenía el corazón acelerado por más de una razón. Su mujer estaba allí, frente a él, mirándose en el espejo del placar con el sostén en una mano y terminando de acomodarse la remera. Estaba muy sensual. Los enormes pechos tenían una caída natural, única, y se le marcaban los pezones bajo la tela delgada. Los shortcitos de lycra que había comenzado a usar en los últimos días eran terriblemente breves, muchísimo más que los que usó al principio. Éste que llevaba puesto ahora venía estampado simulando ser tela de jean, pero era escueto como un culote y le dejaba medio trasero al aire, y al ser elástico, con cada movimiento mínimo se le enterraba un poco más entre las nalgas.
—Teneme —pidó ella, y le dio el corpiño.
Se quitó la calza, primero, y quedó en una tanguita chiquita, tragada por ese culazo inflado y redondo. Se la quitó también y quedó desnuda. A Benigno se le puso de piedra. Ella se colocó de nuevamente la calcita, ahora sin nada debajo, y volvió a mirarse al espejo.
—¡No podés ir así, estás desnuda debajo de la ropa!
—Uy, no te pongas histérico, Beni. Es para hacer más rápido cuando te quieran pegar.
Esa era la segunda cosa que le aceleraba el corazón. La indolencia con que ella se tomaba todo ese asunto y cómo había naturalizado cada uno de los abusos que le infringían los borrachines del club en estas últimas cinco semanas. A Antonio, don Omar y Pústula, que se encerraron con ella y se la garcharon los primeros diez días, le siguieron Champingnon —un tipo más joven y roñoso, lleno de granos de viruela—, don Gervasio —un viejo que a Benigno siempre le había parecido tranquilo, uno de los pocos que no festejaba cada vez que alguno se llevaba a su mujer al cuartito—, y Remolacha, un viejo hijo de puta que hizo gritar a su mujer como un chancho en el matadero. La tercera semana se la cogieron otros tres: don Tito, el Cortina y Jean Del; y la cuarta fue el turno del Rengo, el dueño del bar, que le tenía ganas desde el primer día. Benigno no conocía el nombre de los viejos, los fue aprendiendo a fuerza de cogidas y corneadas. A mitad de la segunda semana Gimena comenzó a informárselo. Salía del cuartito, venía hacia él, lo besaba cariñosamente en la frente, o en la boca —con gusto a pija—, y mientras el tipo que recién se la había cogido todavía se acomodaba la verga, ella le decía:
—Te volví a salvar, mi amor. Ya convencí a don Fulano de que no te pegue.
Pero en la tercera semana abandonó todo eufemismo.
—El que me acaba de llenar de leche es Jean Del, mi amor… No grité mucho, ¿no? No me gustaría hacerte quedar como un cornudo.
Le sonreía como con cierto prurito y se iba a entrenar a la pista de patinaje, y todos los viejos —excepto el que se la terminara de garchar, que solía tomar algo para hidratarse— giraba a mirarle el culazo de regreso.
Era cierto, ella terminaba encerrada con alguno en el cuartito para salvarlo de una golpiza segura, pero parecía negarse a ver que esos tipos del club buscaban problemas con el solo objeto de su intervención y negociar con una cogida.
Por eso ahora, viéndola frente al espejo, se indignó:
—Ya das por sentado que me van a querer pegar. ¡Vas predispuesta a dejarte coger!
—Hasta ahora siempre te metiste en líos, cada una de las veces que fuimos al club. La verdad es que ya sería hora de que dejes de comportarte como un chiquilín haciéndote el machito con esos viejos babosos…
—Pero yo no hago nada, Gime, ¡te lo dije mil veces! Inventan cosas para terminar cogiéndote. Por eso no quiero ir más…
—¡Yo no voy a ir sola a ese club lleno de viejos degenerados! Sin tu protección se van a querer pasar de vivos.
—¡Pero si ya te cogen todos cada vez que vamos! Mi amor, estos últimos veinte días cogiste muchísimas más veces con ellos que conmigo.
Gimena se quitó la calza y se puso la tanguita nuevamente.
—Está bien, ganás vos, como siempre. Me voy con la bombachita puesta, pero el corpiño lo dejo acá, es lo primero que sacan y tiran al piso cuando me meten en el cuartito. ¡Cómo se nota que no sos vos el que lavás en casa!
¿Era un triunfo o una derrota? Benigno no lo supo definir.
—Preferiría no acompañarte, amor… Un día de estos no vas a llegar a tiempo y me van a romper la cara…
—No seas maricón, Beni, cuando te ponés así de miedoso me pregunto si sigo viviendo con el machazo rudo con el que me casé…


CONTINÚA EN REBELDE BUEY FULL ◄CONTINÚA ACÁ► 


El Club de la Pelea (03) - Portada


MUY PRONTO...

viernes, 1 de septiembre de 2017

La Turca (04)

LA TURCA (04)

Por Rebelde Buey


4. Noche Cuatro

La casa del jefe no era la gran cosa. Ninguna casa en Ensanche era la gran cosa, en realidad. Pero por dentro sí se notaba la diferencia. Un televisor de última generación gigante dominaba el living, puesto frente a un sillón grande y fastuoso. El home theater era de siete canales, de una marca tan buena que el matrimonio no la reconoció. La cocina, los muebles, hasta la grifería eran de primera calidad. “Una sola noche —pensó Poroto mientras su mujer se maravillaba por todo y felicitaba el buen gusto del señor Crem—. Por una noche tengo que poder lograr que no me la cojan —se dijo, y miró el culazo de su Turquita amada empotrado en un jean imposible, y a su jefe sonriéndole. Un jean y una campera, su mujer no podía estar más cubierta de ropa. Y sin embargo ese jean la emputecía y la hacía más cogible que nunca.
—Esta es la habitación de huéspedes —invitó el jefe, y hasta Poroto se dio cuenta que lo hizo pasar primero a él y luego a la Turca para mirarle el culo con impunidad. Lo que no vio el Poroto fue que al pasar su mujer hacia la habitación, el señor Crem la acompañó en el movimiento tomándola de la cintura y desplazando en ese mínimo segundo la mano un poquito más abajo de lo correcto. Nada importante, solo un poco. Lo suficiente para que ella se diera cuenta y le sonriera brevemente, y el señor Crem le respondiera con otra sonrisa, esta vez cómplice.
La habitación era sencilla pero estaba más que bien. Era como la que tenían en la casa que alquilaban en el otro pueblo: cama, colchas, salamandra, ventana… la única diferencia era que no tenía tele. Poroto se quedó tranquilo cuando vio que la puerta tenía llave como para cerrar del lado de adentro.
—Calculo que mañana ya podrán dormir allá. Igual, aunque sea una sola noche, instálense como en su casa. Llenen los armarios de ropa, hagan lo que quieran.
La Turca se había abierto la campera y quitado la bufanda. Llevaba un pulóver ajustado que le marcaba las tetotas como globos de kermese. Cada vez que se ponía de lado y la campera la cubría menos, daban ganas de cogérsela. En realidad, daban ganas de cogérsela aunque no se pusiera de lado.
—Ay, ¿no tendrás una tele aunque sea chiquita como para traer acá?
—¡Mi amor, no seas desubicada!
—Bueno, es que hoy es la semi final del programa que veo siempre.
El señor Crem largó una carcajada breve como para despreocuparlos.
—Está bien, Poroto, no pasa nada. Desgraciadamente la única que tengo es la del living. Con semejante tele y sillón no me hace falta otra.
—Olvídese, señor Crem, no vinimos a causarle molestias.
—No es molestia, para nada. Pueden ver lo que quieran. Salvo a las doce, que empieza el único programa que sigo.
—Es justo cuando empieza Married Island… —se decepcionó la Turca.
—¡Married Island! ¡Ése es el programa que veo a las doce! ¡No me lo pierdo jamás!
La Turca pegó un saltito o dos, desbordada de alegría, las tetas acompañando el movimiento. Married Island era un reallity de ésos donde sueltan parejas en una isla y todos terminan cogiendo con otros.
—¿Podemos verlo, entonces?
—Por supuesto. Yo siempre lo veo comiendo pochoclo [palomitas de maíz], como en el cine. Voy a preparar para los tres.
—No, no, a Porotito no le gustan los reallities.
Poroto entrecerró los ojos fulminando a la Turca. Era cierto, él odiaba ese tipo de programas y siempre decía que era televisión basura, que sacaba lo peor de la condición humana. Pero no le gustaba que ella se lo quitara de encima a él con tanto desparpajo. ¿Estaría buscando quedarse a solas con su jefe? No sonaba creíble, pero la Turca esta semana había hecho un montón de cosas sorprendentes. Quizá era momento de dejar de hacerse el cornudo y hablarle.
—Oh, bueno, está bien… —concilió Crem—. Además, el programa termina como a la una y media y él entra temprano al astillero.
A Poroto le subió un rictus de amargura desde el bajo vientre hasta el rostro. Su jefe lo había sentenciado, y la Turca parecía todavía más feliz. Sí, tenían que hablar. Pero entonces Poroto recordó que la puerta de la habitación tenía cerradura, y que daba directo al living. ¿Y si no hablara todavía con la Turca? Tal vez lo mejor sería esperar y ver si ella sería capaz de cogerse a su jefe. Y si lo hiciera, entonces tendrían una gran charla donde muchas cosas cambiarían.
Poroto vio a su mujer, ya sin la campera, en el pulóver corto y ajustado, menear muy sensual sus caderas yendo hacia el televisor y doblarse sacando culo para investigar el home theater. Recordó que las dos noches anteriores también decidió no hablarle, esperando que su mujer se resguardara de garchar con otros, y no sirvió de nada. Se dijo que quería ver hasta dónde ella podía estirar la cuerda. Él la había encontrado cogiendo con Morcilla la primera noche. Ella le dio un puñadito de excusas discutibles (como que él no aguantaba más de un minuto sin acabar, lo que era cierto) y no volvieron a hablar. Pero ella siguió corneándolo a sus espaldas mientras él dormía. A dos metros de su cama. ¡Pegado a él!
Lo decidió. Haría como que se iba a dormir, dejaría la puerta entreabierta y los espiaría. Y si la Turca hacía algo indebido la esperaría en la cama para su regreso y… ¡y ya lo iba a oír!
En la cena hubo buen vino. Y bastante, para lo que los huéspedes estaban acostumbrados. La Turca se puso un poco alegre y se reía por cualquier cosa. Se había sacado el pulóver porque el asado al horno y la bebida le fueron subiendo la temperatura, así que ahora cenaba en remera blanca sin mangas y súper escotada [Foto Portada]. Las tetotas redondas y llenas amagaban escapárseles todo el tiempo, o quedaban sobre la mesa como una repisa inflada, con los pezones marcados bajo la tela de algodón. Cuando cortaba la carne los pechos se movían, y cuando regresaba de la cocina y se volvía a sentar, rebotaban como amortiguadores bajo la delgada tela blanca. Ya con la segunda botella de vino casi terminando, hubo un par de momentos donde las chanzas y comentarios giraron sobre la Turca y fueron hechos con manifiesta doble intención. Y donde el Poroto, que también había bebido, no solo no los frenó sino que además los festejó y hasta elogió las tetas de ella —como si no estuvieran ahí, a la vista de su jefe— y la hizo sentarse derechita para certificar lo que él decía.

A las once, Poroto se fue a dormir. Más por el alcohol que por el cansancio. La Turca se ofreció a lavar los platos, y el señor Crem no la dejó. Que era la invitada, que no se molestara, que de ninguna manera… Poroto entró en la habitación escuchando el choque de los platos y la risa festiva de su mujer, como cuando él la toqueteaba en la otra casa mientras ella levantaba la mesa. Tuvo la lucidez de dejar la puerta entornada, cerrada a golpe de vista por la escasa luz, pero en realidad un poquito abierta.

CONTINÚA EN: patreon.com/rebeldebuey


Cómo pagar en Pago Fácil, Rapipago, y en tu Moneda Local

Si no tenés PayPal para la suscripción en PATREON.COM, ahora podés sumarte vía RAPIPAGO, PAGO FÁCIL y las tarjetas de crédito VISA, American Express, Master Card, Naranja, CABAL, Tarjeta Shopping, Cencosud y Argencard.

IMPORTANTE: este sistema no está integrado a Patreon.com. por lo que seguirás sin acceso a ese blog, pero te será habilitado un blog alternativo (accedés con un mail de GMAIL) con los relatos del mes, según tu suscripción (Básica o Full). La suscripción Fan Service no está disponible por este medio.

SUSCRIPCIÓN BÁSICA (U$ 5 por mes):
-Acceso a los dos relatos principales del mes (los largos, los de siempre)

SUSCRIPCIÓN FULL (U$ 10 por mes):
-Acceso a los dos relatos principales
-Acceso a la publicación de la mini serie INFANCIA SUBURBANA, a publicarse un capítulo por mes hasta el último capítulo que fue escrito. Desde Septiembre.
-Acceso a dos foto-relatos en la línea de CuerniX, CRMI, Test de Lealtad, etc.
(En ocasiones los foto-relatos serán reemplazos por Anexos, Anecdotarios o relatos regulares breves. Pero también estos anexos pueden ser sumados a los foto-relatos.)
La idea es que los suscriptores FULL lean al menos cuatro relatos mensuales.

IMPORTANTE: Para la primera vez, se te habilitan los relatos del mes en el que estás pagando. Por ejemplo, si te suscribís el 1 de Septiembre o el 30 de Septiembre, se te habilitarán los relatos de Septiembre. Y no servirá para Octubre.


CÓMO PAGAR EN PAGOFACIL, RAPIPAGO, Y EN MONEDAS LOCALES:

1.
Enviás un mail a rebeldebuey@ymail.com poniendo en el cuerpo la siguiente información y de la siguiente manera:

- Nombre o nick o iniciales (puede ser inventado, tené en cuenta que aparecerá en el cupón)
- Mail donde recibirás el cupón de pago y el link del blog (aparece en el cupón)
- Tipo de Suscripción (Base o Full)
- Moneda de pago (Argentina, Chile, Colombia, México, Brasil, Perú)

A modo de ejemplo, debiera quedar así:

- Ale RB
- fulano_de_tal@gmail.com
- FULL
- pesos mexicanos

2.
Dentro de las 24/48 horas recibirás un mail de PayU como el de la foto de abajo.
NOTA: Revisá la casilla de Spam o la Papelera. Muchas veces este tipo de mail termina allí.
NOTA: El teléfono que aparecerá en el mail y cupón será inventado. El mail será el de siempre.

(click para agrandar)

3.
Hacés click en el botón verde "PAGA CON PAYU" o en el link verde "Solicitud de pago". Te lleva a una pantalla con los datos de la compra y botones con el método de pago:

(click en la imagen para agrandar)

4.
Elegís el método que quieras.
Si es con tarjeta, te pasa a la típica pantalla para llenar los datos de tu tarjeta.
Si es en efectivo (Pago Fácil, etc.) te pasa a la pantalla para imprimir el cupón:


5.
Le das al botón verde GENERAR RECIBO DE PAGO y te hace el cupón (como el de la foto de abajo) que deberás imprimir, para pagar en un local.


martes, 29 de agosto de 2017

La Turca (04) — Teaser


CLICK EN LA IMAGEN PARA AGRANDAR.

ESTRENO: 1 de Septiembre (solo en cines)

viernes, 18 de agosto de 2017

El Club de la Pelea (01)

—¿Por qué me insultás, vos?
Benigno se estremeció. El tono del tipo era recriminatorio y agresivo, amenazante, y él era de esas personas que la sola posibilidad de violencia lo empequeñecía. Su memoria emotiva lo llevó de inmediato al episodio del lunes, en que otro socio del club creyó que él le hablaba de manera grosera y casi se fueron a las manos.
—N-no, señor… —respondió con un notorio temblor en el mentón—. Yo no lo insulté…
No le gustaba decir señor, pero menos le gustaba tener que confrontar con el sujeto aquél, que de hombro a hombro medía el ancho de una heladera. Buscó con la vista a Gimena, su mujer, dando vueltas con sus patines en la canchita de cemento, más allá de la ventana del barsucho. Si ella lo veía quizá pudiera hacerle una seña para que viniera rápido, pero estaba en la suya, riendo con las otras chicas mientras el instructor les daba indicaciones.
—Me dijo el Rengo que me dijiste negro de mierda.
Rengo era el crápula que atendía el barcito del club. Era un viejo roñoso y desaliñado que espantaba las moscas con un trapo oscuro de mugre, el mismo trapo que después usaba para limpiarte la mesa. Era la tercera vez en menos de dos semanas que el Rengo lo ponía en un aprieto similar. La primera vez, la vez que todo se desmadró y lo salvó Gimena, fue con otro de los parroquianos, uno llamado Antonio, del que luego supo regenteaba una parrilla en la ruta, en las afueras del pueblo. Su mujer vino al rescate cuando Antonio se le fue encima para trompearlo. Benigno juraba que le había volcado el agua sin intención, y que tampoco era tanta, y el Rengo solo se encogía de hombros.
—Yo no dije nada, señor, debe ser un malentendido —Benigno se levantó de su mesa en cuanto vio que el otro tipo avanzó hacia él. Estaban en ese club de mierda lleno de viejos de mierda que se juntaban todo el día a tomar un vinito berreta y jugar a las barajas. Era una guarida de vagos: viejos jubilados, tipos desempleados o que habían vivido toda la vida de changas, en ese lugar sucio y oscuro, con seis mesas de aglomerado y fórmica, azulejos de hospital detrás de la barra y piso de baldosones renegridos de grasa y humedad. Y como si le faltara algo, sonaba una radio chillona, que graznaba tangos y milongas, separados con comentarios del conductor y risas de una locutora con voz de vieja.
—Señor Rengo, dígale que no dije nada.
Desde el mostrador del bar, el Rengo se encogió de hombros y se llevó un escarbadientes a la boca. Benigno volvió a mirar hacia la canchita y esta vez Gimena lo estaba observando. A él, retrocediendo acobardado, como las otras veces, y al tipo, viniendo a pegarle, como hicieran los otros.
—¡No me pegue, por favor! ¡No me pegue! —gritó Benigno, alzando las manos para defenderse de la golpiza inminente.
Se despreció. Como persona. Como hombre. Pero sabía que no iba a soportar los golpes. Y encima su mujer que no llegaba para salvarlo.
—¡Surtilo, Pústula! —arengó uno, cuando el tipo ya se le plantó al lado y Benigno se hizo un ovillito a sus pies, casi entre sus piernas— ¡Cagalo a palos por cornudo!
Benigno apretó los ojos, que le quedaron más cerrados que su culo en ese momento. El tal Pústula levantó el brazo para pegarle.
—¿Qué pasa acá? ¿Por qué le quiere pegar a mi marido?
Era la voz de Gimena. Benigno respiró, desde su madriguera abrió los ojos y vio a su victimario detenido con la mano en alto, girar hacia su mujer, que estaba de pie junto a la puerta. La luz le daba de atrás a Gimena y le dibujaba la silueta dándole volumen a sus curvas. Estaba montada sobre las botitas con patines, las medias blancas, altas hasta mitad de muslo, y el shortcito breve —demasiado breve para Benigno— que le enguantaba la entrepierna de manera sólida. Arriba, la casaca del club, una remera blanca con detalles azules y amarillo huevo, con el número 69, tan ajustada que no solo le marcaba los pechos llenos y formidables, sino que ponía de relieve los bordes de las copas del corpiño. La miraron todos los parroquianos, como carneros babosos.
—Tu marido me insultó —sonrió Pústula.
—¿Otra vez metiéndote en líos, amor?
—¡Yo no dije nada, Gime, te lo juro!
Y de pronto, como si fuera una obra ya practicada por tercera vez, Gimena preguntó:
—¿No hay otra manera de arreglar esa ofensa? 
—Esto solo se arregla a lo macho.
Gimena esta vez sonrió.
—Pero debe haber… no sé, otra manera de demostrar quién es más macho, ¿no?
Benigno se adelantó, alarmado:
—¡No, Gime, otra vez no!
—¡Callate, cuerno! —gritó Pústula, con tanta agresividad que Benigno volvió a acurrucarse en su rincón.
—Mi amor, si no lo hago, te va a pegar.
Benigno vio la sonrisa burlona de los otros parroquianos, que miraban la escena como si se tratara de una obra de teatro.
—Pero no es justo, yo no le dije nada.
—Él dice que le dijiste.
—¡El Rengo le dijo, pero es mentira! ¡También dijo que amenacé al tipo ése el lunes y no fue cierto! ¡Lo dice para que te cojan!
El Rengo salió de atrás del mostrador.
—¿Qué dice esta basura, que soy un mentiroso?
Un par amagaron calmarlo pero el viejo se vino rápido. Benigno temió que le pegaran dos en vez de uno, o que le cogieran a su mujer dos, en vez de uno.
—¡Está bien, está bien, perdónemé!
Todo se congeló. Desde la canchita habían detenido la práctica de patinaje para ver qué sucedía, con el Profe adelante y las mujeres detrás de él, que sonreían como si supieran lo que iba a pasar. Benigno se sintió más humillado que nunca. Todo el club estaba a la expectativa de si Pústula le iba a coger a su mujer. Mejor dicho: cuándo se la iba a coger.
—Elegí cómo se resuelve quién es más macho, cuerno. O nos agarramos a trompadas o me garcho a tu mujer en el cuartito.
No era justo. Benigno no se había sentido tan impotente en su vida. Se la iban a coger. Otra vez. Y otra vez se iban a enterar todos, porque el grandote éste, Pústula, la iba a tomar a Gimena de la mano y se la iba a llevar al cuartito de trastos del bar, que el Rengo ya tenía preparado. Y sí, igual que las otras veces, a la vista de los parroquianos, las chicas de patinaje, el Profe y algún borrachín que siempre pasaba.
—Pero no es justo… —llorisqueó Benigno, y en su quiebre se cristalizó la elección. Pústula sonrió como un lobo en celo y su mujer también, aunque cortó los labios cuando se vio descubierta—. Gime…
—Mi amor, peor sería que te desfiguren a trompadas… —Pústula ya la tomaba de la mano y el resto de los vagos comenzaba a abrirse del paso, formando un pasillo de boda hacia el cuartito—. Además no me va a hacer nada, solo vamos a hablar.

Giró sonriendo porque el macho ya se la llevaba. Benigno vio el culazo de su mujer, clavado a fondo por el tiro del shortcito y se preguntó dónde se la clavaría Pústula. Porque lo de hablar no se lo creía nadie. Ni él ni los que habían sido testigos de la primera intervención de su mujer, dos semanas atrás.

CONTINÚA EN www.patreon.com/rebeldebuey (bajá un par de posteos o buscalo en el ÍNDICE)

Qué temas con cuernos te gustan más?