viernes, 29 de septiembre de 2017

Infancia Suburbana (01)

INFANCIA SUBURBANA

Capítulo Uno: Milton
(VERSIÓN 2.0)

Por Rebelde Buey

Los hechos que cambiarían mi vida para siempre comenzaron una mañana de primavera. Habría sido un sábado porque me hallaba en casa y no en el colegio. Recuerdo que todo el mundo estaba conmocionado.
En aquella época y para mis diez años, "todo el mundo" significaba las dos o tres cuadras alrededor de mi casa. En esa distancia vivían mis amigos y la chica que me gustaba, abría sus puertas el club donde jugaba fútbol, y estaban la panadería y la verdulería y el almacén. Todo lo que estuviera fuera de ese perímetro tenía una existencia difusa.
El revuelo en el barrio iba acompañado de cierta excitación en el ambiente. En especial entre las mujeres. Yo no lo advertía tan claro, pero notaba algo en ellas: risitas, nervios... A seis casas de mi propia casa había una edificación a medio terminar. Un camión descargaba materiales y un puñado de personas se arremolinaba en torno de algo que no llegaba a ver.
Me acerqué al grupo. La mayoría eran mujeres, todas invariablemente alborotadas. También estaban mi padre y don Tito, el viejo de la esquina. Llegué al gentío y atravesé el cerco de faldas y pantalones apretados y finalmente lo vi. Ahí estaba, en el medio de todos. Solo. Risueño. Cargando arena con su sonrisa enorme y el torso desnudo y transpirado. Los movimientos le marcaban los músculos y él jugaba con eso. Era fibroso y grande. De altura y de contextura.
Y era negro.
Era igual de negro que los negros que había visto en la tele. O quizá no tanto. Pero era negro.



Tiempo después percibí que el negro causaba algo raro también en mi mamá. Fue en una cena. La charla había girado en torno a Milton —el negro— y de lo que iba a tardar en mudarse. Parecía que la casa estaba aun sin terminar, unas semanas de lluvia habían atrasado la construcción y Milton estaba por ser desalojado del lugar en el que estaba viviendo.
Mi madre estaba al tanto de todo. Lo había averiguado con el chismorreo del barrio, pues entre las mujeres —especialmente las casadas más jóvenes— era el tema de conversación casi único y del que más se traficaba información. Milton viviría en la intemperie hasta que terminara de poner al menos el techo. Todo el barrio estaba afligido. Bueno, solo las mujeres. El negro era por demás simpático y entrador, y ya todos se habían encariñado con él.
Este tema se llevó toda la charla de la cena. Y cuando sirvió el café, mi madre dejó sobre la mesa su idea. O fantasía.
—¿Y si lo dejamos vivir unos días acá?
Papá se congeló. Pero un segundo después, mi mamá amplió lo que había querido decir.
—No acá adentro, por supuesto. Atrás, en el galpón. Le tiramos un colchón y listo. Total, son un par de semanas.
Papá estaba evidentemente sorprendido.
—¿Acá? ¿Estás loca? ¿Y la comida? ¿Y todo lo demás?
—Para lo único que se metería en casa es para ducharse. Si el pobre se la pasa trabajando de sol a sol... Está todo el día en la construcción, ni siquiera corta para comer.
Yo los miraba a los dos. Mi padre seguía sorprendido, pero se notaba que veía atenuantes en lo que había entendido al principio. Dudó por una eternidad. La miraba a mi mamá y a la casa alternadamente. Hasta que me miró a mí. Y yo dije aquello, sin siquiera saber muy bien por qué.

—¿Qué tiene de malo? Ustedes siempre dicen que los vecinos deben ayudarse, y él… va a ser vecino en dos semanas.

Continúa y se publica un capítulo por mes (nivel Full) en: 

sábado, 23 de septiembre de 2017

CuerniX: Nuevo Foto-Relato 2017

Luego de mucho tiempo vuelve un nuevo foto relato de CuerniX, con el mismo formato y el mismo estilo morboso y divertido.
Disponible en patreon.com/rebeldebuey para la Suscripción Full.


click en la imagen para agrandarla

domingo, 17 de septiembre de 2017

El Club de la Pelea (03)

Gimena llegó a la casa más tarde que de costumbre, angustiada, al borde del llanto. La esperaba Benigno, que esa misma semana había decidido no acompañarla más al club, para evitar que los borrachines del bar —o el Profe— quisieran golpearlo y terminaran cogiéndose a su mujer. Lo que no fue tan fácil, hubo toda una discusión que duró semanas. Gimena quería que siga yendo, ella se sentía más protegida con su presencia.
—¡Qué protegida si siempre te terminan cogiendo!
—Eso es por culpa tuya que te la pasás armando lío. Pero si vos no vas, esos tipos me van a molestar.
Benigno siguió yendo un mes más hasta que, de a uno, se la fueron cogiendo todos. Uno por uno, uno tras otro. En el cuartito de los trastos no faltó nadie sin probar a su mujer.
Era patética su situación, pobre Benigno, porque por supuesto no lo respetaba nadie en el club. Llegaba con su mujer, que siempre vestía bonita y sexy —porque la ropa de patinaje es así—, y los sinvergüenzas del bar lo relojeaban con sorna y cruzaban comentarios risueños. La miraban a su mujer como si fuera una cosa, y ni siquiera una cosa sobre la que él tuviera alguna potestad. Gimena parecía disfrutarlo o, en tal caso, no le molestaban esas miradas ni los comentarios descarados.
—¡Cómo te hicieron gritar el lunes en el cuartito, Gimena! ¡Se ve que no te atienden bien en casa jajaj!
Y Gimena reía, o actuaba de ofendida pero sonriendo. No era tan grave porque cualquiera de los presentes sabía que a esa mujer se la fueron cogiendo todos, un día a la vez. Pero ni siquiera protestaba cuando los parroquianos trataban a Benigno de cornudo.
—Cuerno, ¿quiere que le prepare algo para cuando le garchen a su señora?
Benigno odiaba que dieran por sentado que en el transcurso de la tarde alguien le iba a coger a Gimena. Claro que antes de la hora, invariablemente siempre, su mujer terminaba en el cuartito, gritando por más pija. Era una derrota segura en cada encuentro. Y fueron muchos, y resultaba demasiado humillante. Fue así que un día dijo basta.
—¡Ya está, ya te cogieron todos los del bar! Ya nadie se va a propasar con vos porque ya todos se propasaron, así que ¿para qué voy?
—¡Hablás como si me gustara, me estás tratando de puta!
Aunque eso derivó en una pelea, Benigno se mantuvo en su idea de no volver jamás.
Por suerte el primer día que fue sola, el lunes, Gimena ya vino del club con muy buen humor. Le dijo que al final terminó garchada igual, que justo cuando se estaba regresando cayó Antonio, el parrillero, y que así como la vio, la tomó de la mano y se la llevó al cuartito. Que ella no quiso, que le dijo que no estaba bien que una señora seria le hiciera eso a su marido, y le aclaró a Benigno que mientras ella sostenía en una mano su bombachita y trataba de mantener las piernas abiertas para que la verga de Antonio le entre más a fondo, el parrillero le dijo que era eso o ir a su casa a golpear “al cornudo de tu marido”. Y que entonces Gimena no tuvo elección.
Benigno no supo si enojarse o aliviarse. Optó por callar. Y para el miércoles no hubo forma de que su mujer llevara puesta ropa interior.
—Por si alguno todavía quiere pegarte —le explicó.
Así quedó Benigno en su casa, esperándola.
“Me la siguen cogiendo… me la siguen cogiendo…”, pensaba en la semipenumbra del living. Iba a decirle a Gimena que basta, que por más que le gustara, abandone las clases de patinaje, y especialmente el club y sus inmediaciones. Hasta que la vio entrar casi en un llanto.
—¿Qué te pasa, amor? —le preguntó, preocupado— ¿Qué te hicieron ahora?
—Esos hijos de puta…
—¿Qué…?
—Esos viejos de mierda del club…
—Amor, me estás asustando.
Gimena se acurrucó en el pecho de Benigno y se dejó abrazar, y ahí largó el llanto. Fuera lo que fuera que le había sucedido, Benigno no se lo podía imaginar: su mujer había sido cogida por todos los viejos del club. Había sido usada, sodomizada, sola o en presencia de él. ¿Qué podía ser más grave?
—El presidente y el vice… no me renovaron el carné de socia… Dicen que hay cuotas impagas.
—¿Qué? —para cualquier actividad del club había que hacerse socio (excepto para tomarse una grapa en el bar de borrachines). Este era el octavo mes de Gimena allí, y él mismo se había encargado de las cuotas.
—Quieren que vayas a regularizar mi situación o no me dejan hacer más patinaje. Yo me ofrecí a arreglar de cualquier manera, pero después del segundo dijeron que sigue faltando plata. Yo no entiendo nada de finanzas, mi amor, pero no quiero perderme la fiesta de fin de año, vienen tipos grosos de otros pueblos y quiero mostrarles todo lo que estoy aprendiendo, por favor, arreglalo, hacé algo, por fa…
—¡Pará, Gime, pará! Estás histérica, calmate, yo lo arreglo.
Ella hipó casi desde la nariz y levantó los ojos hacia él.
—¿Seguro?
—Sí, mi amor, habrá pasado algo con el débito automático, no debe ser nada.
Gimena se soltó de los brazos de Benigno, ya sin llorar.
—Me voy a descansar, entonces.
—P-pero… Mi amor, pensé que hoy me tocaba… que íbamos a…
—Ay, ya sé que te lo prometí y otra vez te voy a fallar, pero hoy tuve que estar con el Profe y dos amigos que le cayeron de Buenos Aires y me dejaron muerta… Ya sabés, porque te querían pegar…
—S-sí, entiendo…
—Mañana vamos a hablar con esos viejos sinvergüenzas, ¿no? Ahora me voy a duchar y a dormir. Besos, mi amor.

Benigno se sorprendió del cambio de humor y de lo rápido que su mujer se le despegó. La vio caminar hacia el pasillo meneando el culazo que cada vez se le estaba poniendo más orgulloso a fuerza de patinaje… y del cuartito.

CONTINÚA EN REBELDE BUEY FULL ►AQUÍ

martes, 12 de septiembre de 2017

El Club de la Pelea (02)

—¿Te tenés que ir vestida así, amor?
Benigno tenía el corazón acelerado por más de una razón. Su mujer estaba allí, frente a él, mirándose en el espejo del placar con el sostén en una mano y terminando de acomodarse la remera. Estaba muy sensual. Los enormes pechos tenían una caída natural, única, y se le marcaban los pezones bajo la tela delgada. Los shortcitos de lycra que había comenzado a usar en los últimos días eran terriblemente breves, muchísimo más que los que usó al principio. Éste que llevaba puesto ahora venía estampado simulando ser tela de jean, pero era escueto como un culote y le dejaba medio trasero al aire, y al ser elástico, con cada movimiento mínimo se le enterraba un poco más entre las nalgas.
—Teneme —pidó ella, y le dio el corpiño.
Se quitó la calza, primero, y quedó en una tanguita chiquita, tragada por ese culazo inflado y redondo. Se la quitó también y quedó desnuda. A Benigno se le puso de piedra. Ella se colocó de nuevamente la calcita, ahora sin nada debajo, y volvió a mirarse al espejo.
—¡No podés ir así, estás desnuda debajo de la ropa!
—Uy, no te pongas histérico, Beni. Es para hacer más rápido cuando te quieran pegar.
Esa era la segunda cosa que le aceleraba el corazón. La indolencia con que ella se tomaba todo ese asunto y cómo había naturalizado cada uno de los abusos que le infringían los borrachines del club en estas últimas cinco semanas. A Antonio, don Omar y Pústula, que se encerraron con ella y se la garcharon los primeros diez días, le siguieron Champingnon —un tipo más joven y roñoso, lleno de granos de viruela—, don Gervasio —un viejo que a Benigno siempre le había parecido tranquilo, uno de los pocos que no festejaba cada vez que alguno se llevaba a su mujer al cuartito—, y Remolacha, un viejo hijo de puta que hizo gritar a su mujer como un chancho en el matadero. La tercera semana se la cogieron otros tres: don Tito, el Cortina y Jean Del; y la cuarta fue el turno del Rengo, el dueño del bar, que le tenía ganas desde el primer día. Benigno no conocía el nombre de los viejos, los fue aprendiendo a fuerza de cogidas y corneadas. A mitad de la segunda semana Gimena comenzó a informárselo. Salía del cuartito, venía hacia él, lo besaba cariñosamente en la frente, o en la boca —con gusto a pija—, y mientras el tipo que recién se la había cogido todavía se acomodaba la verga, ella le decía:
—Te volví a salvar, mi amor. Ya convencí a don Fulano de que no te pegue.
Pero en la tercera semana abandonó todo eufemismo.
—El que me acaba de llenar de leche es Jean Del, mi amor… No grité mucho, ¿no? No me gustaría hacerte quedar como un cornudo.
Le sonreía como con cierto prurito y se iba a entrenar a la pista de patinaje, y todos los viejos —excepto el que se la terminara de garchar, que solía tomar algo para hidratarse— giraba a mirarle el culazo de regreso.
Era cierto, ella terminaba encerrada con alguno en el cuartito para salvarlo de una golpiza segura, pero parecía negarse a ver que esos tipos del club buscaban problemas con el solo objeto de su intervención y negociar con una cogida.
Por eso ahora, viéndola frente al espejo, se indignó:
—Ya das por sentado que me van a querer pegar. ¡Vas predispuesta a dejarte coger!
—Hasta ahora siempre te metiste en líos, cada una de las veces que fuimos al club. La verdad es que ya sería hora de que dejes de comportarte como un chiquilín haciéndote el machito con esos viejos babosos…
—Pero yo no hago nada, Gime, ¡te lo dije mil veces! Inventan cosas para terminar cogiéndote. Por eso no quiero ir más…
—¡Yo no voy a ir sola a ese club lleno de viejos degenerados! Sin tu protección se van a querer pasar de vivos.
—¡Pero si ya te cogen todos cada vez que vamos! Mi amor, estos últimos veinte días cogiste muchísimas más veces con ellos que conmigo.
Gimena se quitó la calza y se puso la tanguita nuevamente.
—Está bien, ganás vos, como siempre. Me voy con la bombachita puesta, pero el corpiño lo dejo acá, es lo primero que sacan y tiran al piso cuando me meten en el cuartito. ¡Cómo se nota que no sos vos el que lavás en casa!
¿Era un triunfo o una derrota? Benigno no lo supo definir.
—Preferiría no acompañarte, amor… Un día de estos no vas a llegar a tiempo y me van a romper la cara…
—No seas maricón, Beni, cuando te ponés así de miedoso me pregunto si sigo viviendo con el machazo rudo con el que me casé…


CONTINÚA EN REBELDE BUEY FULL ◄CONTINÚA ACÁ► 


El Club de la Pelea (03) - Portada


MUY PRONTO...

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Flyer Septiembre 2017 [RB FULL]


►Click en la imagen para agrandar y leer!

viernes, 1 de septiembre de 2017

La Turca (04)

LA TURCA (04)

Por Rebelde Buey


4. Noche Cuatro

La casa del jefe no era la gran cosa. Ninguna casa en Ensanche era la gran cosa, en realidad. Pero por dentro sí se notaba la diferencia. Un televisor de última generación gigante dominaba el living, puesto frente a un sillón grande y fastuoso. El home theater era de siete canales, de una marca tan buena que el matrimonio no la reconoció. La cocina, los muebles, hasta la grifería eran de primera calidad. “Una sola noche —pensó Poroto mientras su mujer se maravillaba por todo y felicitaba el buen gusto del señor Crem—. Por una noche tengo que poder lograr que no me la cojan —se dijo, y miró el culazo de su Turquita amada empotrado en un jean imposible, y a su jefe sonriéndole. Un jean y una campera, su mujer no podía estar más cubierta de ropa. Y sin embargo ese jean la emputecía y la hacía más cogible que nunca.
—Esta es la habitación de huéspedes —invitó el jefe, y hasta Poroto se dio cuenta que lo hizo pasar primero a él y luego a la Turca para mirarle el culo con impunidad. Lo que no vio el Poroto fue que al pasar su mujer hacia la habitación, el señor Crem la acompañó en el movimiento tomándola de la cintura y desplazando en ese mínimo segundo la mano un poquito más abajo de lo correcto. Nada importante, solo un poco. Lo suficiente para que ella se diera cuenta y le sonriera brevemente, y el señor Crem le respondiera con otra sonrisa, esta vez cómplice.
La habitación era sencilla pero estaba más que bien. Era como la que tenían en la casa que alquilaban en el otro pueblo: cama, colchas, salamandra, ventana… la única diferencia era que no tenía tele. Poroto se quedó tranquilo cuando vio que la puerta tenía llave como para cerrar del lado de adentro.
—Calculo que mañana ya podrán dormir allá. Igual, aunque sea una sola noche, instálense como en su casa. Llenen los armarios de ropa, hagan lo que quieran.
La Turca se había abierto la campera y quitado la bufanda. Llevaba un pulóver ajustado que le marcaba las tetotas como globos de kermese. Cada vez que se ponía de lado y la campera la cubría menos, daban ganas de cogérsela. En realidad, daban ganas de cogérsela aunque no se pusiera de lado.
—Ay, ¿no tendrás una tele aunque sea chiquita como para traer acá?
—¡Mi amor, no seas desubicada!
—Bueno, es que hoy es la semi final del programa que veo siempre.
El señor Crem largó una carcajada breve como para despreocuparlos.
—Está bien, Poroto, no pasa nada. Desgraciadamente la única que tengo es la del living. Con semejante tele y sillón no me hace falta otra.
—Olvídese, señor Crem, no vinimos a causarle molestias.
—No es molestia, para nada. Pueden ver lo que quieran. Salvo a las doce, que empieza el único programa que sigo.
—Es justo cuando empieza Married Island… —se decepcionó la Turca.
—¡Married Island! ¡Ése es el programa que veo a las doce! ¡No me lo pierdo jamás!
La Turca pegó un saltito o dos, desbordada de alegría, las tetas acompañando el movimiento. Married Island era un reallity de ésos donde sueltan parejas en una isla y todos terminan cogiendo con otros.
—¿Podemos verlo, entonces?
—Por supuesto. Yo siempre lo veo comiendo pochoclo [palomitas de maíz], como en el cine. Voy a preparar para los tres.
—No, no, a Porotito no le gustan los reallities.
Poroto entrecerró los ojos fulminando a la Turca. Era cierto, él odiaba ese tipo de programas y siempre decía que era televisión basura, que sacaba lo peor de la condición humana. Pero no le gustaba que ella se lo quitara de encima a él con tanto desparpajo. ¿Estaría buscando quedarse a solas con su jefe? No sonaba creíble, pero la Turca esta semana había hecho un montón de cosas sorprendentes. Quizá era momento de dejar de hacerse el cornudo y hablarle.
—Oh, bueno, está bien… —concilió Crem—. Además, el programa termina como a la una y media y él entra temprano al astillero.
A Poroto le subió un rictus de amargura desde el bajo vientre hasta el rostro. Su jefe lo había sentenciado, y la Turca parecía todavía más feliz. Sí, tenían que hablar. Pero entonces Poroto recordó que la puerta de la habitación tenía cerradura, y que daba directo al living. ¿Y si no hablara todavía con la Turca? Tal vez lo mejor sería esperar y ver si ella sería capaz de cogerse a su jefe. Y si lo hiciera, entonces tendrían una gran charla donde muchas cosas cambiarían.
Poroto vio a su mujer, ya sin la campera, en el pulóver corto y ajustado, menear muy sensual sus caderas yendo hacia el televisor y doblarse sacando culo para investigar el home theater. Recordó que las dos noches anteriores también decidió no hablarle, esperando que su mujer se resguardara de garchar con otros, y no sirvió de nada. Se dijo que quería ver hasta dónde ella podía estirar la cuerda. Él la había encontrado cogiendo con Morcilla la primera noche. Ella le dio un puñadito de excusas discutibles (como que él no aguantaba más de un minuto sin acabar, lo que era cierto) y no volvieron a hablar. Pero ella siguió corneándolo a sus espaldas mientras él dormía. A dos metros de su cama. ¡Pegado a él!
Lo decidió. Haría como que se iba a dormir, dejaría la puerta entreabierta y los espiaría. Y si la Turca hacía algo indebido la esperaría en la cama para su regreso y… ¡y ya lo iba a oír!
En la cena hubo buen vino. Y bastante, para lo que los huéspedes estaban acostumbrados. La Turca se puso un poco alegre y se reía por cualquier cosa. Se había sacado el pulóver porque el asado al horno y la bebida le fueron subiendo la temperatura, así que ahora cenaba en remera blanca sin mangas y súper escotada [Foto Portada]. Las tetotas redondas y llenas amagaban escapárseles todo el tiempo, o quedaban sobre la mesa como una repisa inflada, con los pezones marcados bajo la tela de algodón. Cuando cortaba la carne los pechos se movían, y cuando regresaba de la cocina y se volvía a sentar, rebotaban como amortiguadores bajo la delgada tela blanca. Ya con la segunda botella de vino casi terminando, hubo un par de momentos donde las chanzas y comentarios giraron sobre la Turca y fueron hechos con manifiesta doble intención. Y donde el Poroto, que también había bebido, no solo no los frenó sino que además los festejó y hasta elogió las tetas de ella —como si no estuvieran ahí, a la vista de su jefe— y la hizo sentarse derechita para certificar lo que él decía.

A las once, Poroto se fue a dormir. Más por el alcohol que por el cansancio. La Turca se ofreció a lavar los platos, y el señor Crem no la dejó. Que era la invitada, que no se molestara, que de ninguna manera… Poroto entró en la habitación escuchando el choque de los platos y la risa festiva de su mujer, como cuando él la toqueteaba en la otra casa mientras ella levantaba la mesa. Tuvo la lucidez de dejar la puerta entornada, cerrada a golpe de vista por la escasa luz, pero en realidad un poquito abierta.

CONTINÚA EN: patreon.com/rebeldebuey


Cómo pagar en Pago Fácil, Rapipago, y en tu Moneda Local

Si no tenés PayPal para la suscripción en PATREON.COM, ahora podés sumarte vía RAPIPAGO, PAGO FÁCIL y las tarjetas de crédito VISA, American Express, Master Card, Naranja, CABAL, Tarjeta Shopping, Cencosud y Argencard.

IMPORTANTE: este sistema no está integrado a Patreon.com. por lo que seguirás sin acceso a ese blog, pero te será habilitado un blog alternativo (accedés con un mail de GMAIL) con los relatos del mes, según tu suscripción (Básica o Full). La suscripción Fan Service no está disponible por este medio.

SUSCRIPCIÓN BÁSICA (U$ 5 por mes):
-Acceso a los dos relatos principales del mes (los largos, los de siempre)

SUSCRIPCIÓN FULL (U$ 10 por mes):
-Acceso a los dos relatos principales
-Acceso a la publicación de la mini serie INFANCIA SUBURBANA, a publicarse un capítulo por mes hasta el último capítulo que fue escrito. Desde Septiembre.
-Acceso a dos foto-relatos en la línea de CuerniX, CRMI, Test de Lealtad, etc.
(En ocasiones los foto-relatos serán reemplazos por Anexos, Anecdotarios o relatos regulares breves. Pero también estos anexos pueden ser sumados a los foto-relatos.)
La idea es que los suscriptores FULL lean al menos cuatro relatos mensuales.

IMPORTANTE: Para la primera vez, se te habilitan los relatos del mes en el que estás pagando. Por ejemplo, si te suscribís el 1 de Septiembre o el 30 de Septiembre, se te habilitarán los relatos de Septiembre. Y no servirá para Octubre.


CÓMO PAGAR EN PAGOFACIL, RAPIPAGO, Y EN MONEDAS LOCALES:

1.
Enviás un mail a rebeldebuey@ymail.com poniendo en el cuerpo la siguiente información y de la siguiente manera:

- Nombre o nick o iniciales (puede ser inventado, tené en cuenta que aparecerá en el cupón)
- Mail donde recibirás el cupón de pago y el link del blog (aparece en el cupón)
- Tipo de Suscripción (Base o Full)
- Moneda de pago (Argentina, Chile, Colombia, México, Brasil, Perú)

A modo de ejemplo, debiera quedar así:

- Ale RB
- fulano_de_tal@gmail.com
- FULL
- pesos mexicanos

2.
Dentro de las 24/48 horas recibirás un mail de PayU como el de la foto de abajo.
NOTA: Revisá la casilla de Spam o la Papelera. Muchas veces este tipo de mail termina allí.
NOTA: El teléfono que aparecerá en el mail y cupón será inventado. El mail será el de siempre.

(click para agrandar)

3.
Hacés click en el botón verde "PAGA CON PAYU" o en el link verde "Solicitud de pago". Te lleva a una pantalla con los datos de la compra y botones con el método de pago:

(click en la imagen para agrandar)

4.
Elegís el método que quieras.
Si es con tarjeta, te pasa a la típica pantalla para llenar los datos de tu tarjeta.
Si es en efectivo (Pago Fácil, etc.) te pasa a la pantalla para imprimir el cupón:


5.
Le das al botón verde GENERAR RECIBO DE PAGO y te hace el cupón (como el de la foto de abajo) que deberás imprimir, para pagar en un local.


martes, 29 de agosto de 2017

La Turca (04) — Teaser


CLICK EN LA IMAGEN PARA AGRANDAR.

ESTRENO: 1 de Septiembre (solo en cines)

viernes, 18 de agosto de 2017

El Club de la Pelea (01)

—¿Por qué me insultás, vos?
Benigno se estremeció. El tono del tipo era recriminatorio y agresivo, amenazante, y él era de esas personas que la sola posibilidad de violencia lo empequeñecía. Su memoria emotiva lo llevó de inmediato al episodio del lunes, en que otro socio del club creyó que él le hablaba de manera grosera y casi se fueron a las manos.
—N-no, señor… —respondió con un notorio temblor en el mentón—. Yo no lo insulté…
No le gustaba decir señor, pero menos le gustaba tener que confrontar con el sujeto aquél, que de hombro a hombro medía el ancho de una heladera. Buscó con la vista a Gimena, su mujer, dando vueltas con sus patines en la canchita de cemento, más allá de la ventana del barsucho. Si ella lo veía quizá pudiera hacerle una seña para que viniera rápido, pero estaba en la suya, riendo con las otras chicas mientras el instructor les daba indicaciones.
—Me dijo el Rengo que me dijiste negro de mierda.
Rengo era el crápula que atendía el barcito del club. Era un viejo roñoso y desaliñado que espantaba las moscas con un trapo oscuro de mugre, el mismo trapo que después usaba para limpiarte la mesa. Era la tercera vez en menos de dos semanas que el Rengo lo ponía en un aprieto similar. La primera vez, la vez que todo se desmadró y lo salvó Gimena, fue con otro de los parroquianos, uno llamado Antonio, del que luego supo regenteaba una parrilla en la ruta, en las afueras del pueblo. Su mujer vino al rescate cuando Antonio se le fue encima para trompearlo. Benigno juraba que le había volcado el agua sin intención, y que tampoco era tanta, y el Rengo solo se encogía de hombros.
—Yo no dije nada, señor, debe ser un malentendido —Benigno se levantó de su mesa en cuanto vio que el otro tipo avanzó hacia él. Estaban en ese club de mierda lleno de viejos de mierda que se juntaban todo el día a tomar un vinito berreta y jugar a las barajas. Era una guarida de vagos: viejos jubilados, tipos desempleados o que habían vivido toda la vida de changas, en ese lugar sucio y oscuro, con seis mesas de aglomerado y fórmica, azulejos de hospital detrás de la barra y piso de baldosones renegridos de grasa y humedad. Y como si le faltara algo, sonaba una radio chillona, que graznaba tangos y milongas, separados con comentarios del conductor y risas de una locutora con voz de vieja.
—Señor Rengo, dígale que no dije nada.
Desde el mostrador del bar, el Rengo se encogió de hombros y se llevó un escarbadientes a la boca. Benigno volvió a mirar hacia la canchita y esta vez Gimena lo estaba observando. A él, retrocediendo acobardado, como las otras veces, y al tipo, viniendo a pegarle, como hicieran los otros.
—¡No me pegue, por favor! ¡No me pegue! —gritó Benigno, alzando las manos para defenderse de la golpiza inminente.
Se despreció. Como persona. Como hombre. Pero sabía que no iba a soportar los golpes. Y encima su mujer que no llegaba para salvarlo.
—¡Surtilo, Pústula! —arengó uno, cuando el tipo ya se le plantó al lado y Benigno se hizo un ovillito a sus pies, casi entre sus piernas— ¡Cagalo a palos por cornudo!
Benigno apretó los ojos, que le quedaron más cerrados que su culo en ese momento. El tal Pústula levantó el brazo para pegarle.
—¿Qué pasa acá? ¿Por qué le quiere pegar a mi marido?
Era la voz de Gimena. Benigno respiró, desde su madriguera abrió los ojos y vio a su victimario detenido con la mano en alto, girar hacia su mujer, que estaba de pie junto a la puerta. La luz le daba de atrás a Gimena y le dibujaba la silueta dándole volumen a sus curvas. Estaba montada sobre las botitas con patines, las medias blancas, altas hasta mitad de muslo, y el shortcito breve —demasiado breve para Benigno— que le enguantaba la entrepierna de manera sólida. Arriba, la casaca del club, una remera blanca con detalles azules y amarillo huevo, con el número 69, tan ajustada que no solo le marcaba los pechos llenos y formidables, sino que ponía de relieve los bordes de las copas del corpiño. La miraron todos los parroquianos, como carneros babosos.
—Tu marido me insultó —sonrió Pústula.
—¿Otra vez metiéndote en líos, amor?
—¡Yo no dije nada, Gime, te lo juro!
Y de pronto, como si fuera una obra ya practicada por tercera vez, Gimena preguntó:
—¿No hay otra manera de arreglar esa ofensa? 
—Esto solo se arregla a lo macho.
Gimena esta vez sonrió.
—Pero debe haber… no sé, otra manera de demostrar quién es más macho, ¿no?
Benigno se adelantó, alarmado:
—¡No, Gime, otra vez no!
—¡Callate, cuerno! —gritó Pústula, con tanta agresividad que Benigno volvió a acurrucarse en su rincón.
—Mi amor, si no lo hago, te va a pegar.
Benigno vio la sonrisa burlona de los otros parroquianos, que miraban la escena como si se tratara de una obra de teatro.
—Pero no es justo, yo no le dije nada.
—Él dice que le dijiste.
—¡El Rengo le dijo, pero es mentira! ¡También dijo que amenacé al tipo ése el lunes y no fue cierto! ¡Lo dice para que te cojan!
El Rengo salió de atrás del mostrador.
—¿Qué dice esta basura, que soy un mentiroso?
Un par amagaron calmarlo pero el viejo se vino rápido. Benigno temió que le pegaran dos en vez de uno, o que le cogieran a su mujer dos, en vez de uno.
—¡Está bien, está bien, perdónemé!
Todo se congeló. Desde la canchita habían detenido la práctica de patinaje para ver qué sucedía, con el Profe adelante y las mujeres detrás de él, que sonreían como si supieran lo que iba a pasar. Benigno se sintió más humillado que nunca. Todo el club estaba a la expectativa de si Pústula le iba a coger a su mujer. Mejor dicho: cuándo se la iba a coger.
—Elegí cómo se resuelve quién es más macho, cuerno. O nos agarramos a trompadas o me garcho a tu mujer en el cuartito.
No era justo. Benigno no se había sentido tan impotente en su vida. Se la iban a coger. Otra vez. Y otra vez se iban a enterar todos, porque el grandote éste, Pústula, la iba a tomar a Gimena de la mano y se la iba a llevar al cuartito de trastos del bar, que el Rengo ya tenía preparado. Y sí, igual que las otras veces, a la vista de los parroquianos, las chicas de patinaje, el Profe y algún borrachín que siempre pasaba.
—Pero no es justo… —llorisqueó Benigno, y en su quiebre se cristalizó la elección. Pústula sonrió como un lobo en celo y su mujer también, aunque cortó los labios cuando se vio descubierta—. Gime…
—Mi amor, peor sería que te desfiguren a trompadas… —Pústula ya la tomaba de la mano y el resto de los vagos comenzaba a abrirse del paso, formando un pasillo de boda hacia el cuartito—. Además no me va a hacer nada, solo vamos a hablar.

Giró sonriendo porque el macho ya se la llevaba. Benigno vio el culazo de su mujer, clavado a fondo por el tiro del shortcito y se preguntó dónde se la clavaría Pústula. Porque lo de hablar no se lo creía nadie. Ni él ni los que habían sido testigos de la primera intervención de su mujer, dos semanas atrás.

CONTINÚA EN www.patreon.com/rebeldebuey (bajá un par de posteos o buscalo en el ÍNDICE)

lunes, 14 de agosto de 2017

jueves, 10 de agosto de 2017

Test de Lealtad (sample)

TEST DE LEALTAD
Una nueva e incipiente moda da cuenta de mujeres que se ponen al servicio de la pareja para testear y comprobar la real calidad de las relaciones de sus maridos. Estas mujeres, verdaderas leonas de manada, cuidan de sus hombres hasta el punto de poner el cuerpo en la difícil tarea de detectar si los amigos, socios o parientes de su marido son confiables.
La metodología es sencilla: ellas se producen bonitas y provocan situaciones para quedar a solas con el sujeto a evaluar. Si los hombres se les insinúan, es clara señal de que no son dignos de confianza.
En este foro solo publicamos los testimonios de los protagonistas, hombres y mujeres que pusieron a prueba aquellas lealtades insospechadas, y sus sorprendentes resultados.


1. Un Socio Rápido para los Números
Beto: Algunos dicen que lo del Test de Lealtad es una locura, pero a mí me sirvió para sacarme de encima a mi socio en la pizzería, que tarde o temprano me iba a estafar, como resulta de estas pruebas que mi mujer Gabbi me convenció de hacer.
Mi socio y yo teníamos dos pizzerías, una chiquita de barrio, medio mugrienta y pedorra, y otra grande e importante, bien ubicada en un barrio bacán. La sociedad era 90/10, 90% de él, y 10% para mí, pero mi socio quería integrar a otros inversores para crecer. Ahí fue cuando Gabbi me dijo que era mejor hacer el test, que más vale darse cuenta ahora y no más adelante con más plata en juego y con gente metida que yo no sabía ni de dónde la habían sacado. Al principio me rehusé, porque parte del truco es que el señuelo (mi mujer) se vistiera con mini faldas bien cortitas para ver si la miran o se le insinúan, pero luego me convenció porque me recordó que ella ya no me hacía cornudo, que desde que la había internado en el CRMI se había curado y que ya no había peligro.
Para testear la lealtad de mi socio antes de que ingresen los nuevos inversores, un día lo llamé y me mostré enfermo, pidiéndole que por ese día se haga presente él en el negocio pequeño y pedorro, que era el que siempre atendía yo. Me dijo que no podía, que mejor cerráramos la pizzería por ese día, pero cambió de opinión cuando le informé que yo iba a mandar a mi mujer a ayudarlo.
Gabbi: Me fui bien bien putita, con una minifalda roja que no usaba desde la época en que a mi Beto lo corneaba casi a diario. Me quedaba más emputecida, porque el último año de tratamiento en el CRMI me engordaron un poco la cola a fuerza de pijazos y leche, así que la mini me explotaba. “mejor, le dije a Beto, cuanto más puta parezca, más rápido va a deschavarse si es un traicionero, o si es el socio honesto que te merecés”.
Lo convencí, igual que lo convencía cuando iba a bailar con mis amigas para hacerme garchar por tres o cuatro machos y él se quedaba en casa cuidando al bebé. El socio de mi marido cayó un rato después que yo abriera temprano el local y casi se cae de la impresión. Es que siempre causo una buena impresión. Empecé a trabajar, acomodar cosas y prepararme para atender gente, pero asegurándome de mostrarle el culazo que tengo y con la mini bien bien cortita.
No tardó nada en reaccionar, cinco minutos como mucho y ya me estaba metiendo mano y agarrándome el culazo con la bombachita toda metida en el ort[CONTINÚA EN REBELDE BUEY FULL : https://www.patreon.com/rebeldebuey ]



viernes, 4 de agosto de 2017

CuerniX: Ceci, Egresada y Estirada para el Cornudo

Los viejos relatos de CuerniX se están publicando casi todos los días (de a uno, ya vamos por el octavo) en el blog FULL.




(completo en https://www.patreon.com/rebeldebuey)

martes, 1 de agosto de 2017

Rebelde Buey FULL, Lanzamiento Oficial

Acaba de lanzarse de manera oficial el nuevo blog FULL, o la sección de relatos por suscripción.
Y para materializarlo, en www.patreon.com/rebeldebuey se acaba de publicar:

1- Bombeando 04, Parte II, con NUEVO FINAL + foto, exclusivo para suscriptores.
Se trata de un final después del final, 15 días después, con la vuelta de la familia al pueblo de don Roque, al taller, para pagar los 500 pesos que le debían, y donde Tamy conocerá a los tres empleados de los que el viejo le

viernes, 28 de julio de 2017

Bombeando (04) (Parte II) (Tamy)

Bombeando (04) (Parte II) (Tamy)

Por Rebelde Buey

El camión cisterna llegó envuelto en polvo y humo blanco. Era más viejo y destartalado que la camioneta de don Roque. Seguro que el hijo de puta habría llamado a algún viejo como él, amigo de toda la vida, para mostrarle —y ufanarse de— la pendeja que se había cogido.
Pero del camioncito salió un muchacho de unos 30 o 35 años, alto, ancho de hombros, de abdominales planos y cabello enmarañado. Tenía los ojos claros y la piel bronceada por el yugo, con una cicatriz fea en la mejilla mal afeitada, que le deba un aire de narcotraficante “bueno” de telenovela.
Tamy me soltó de inmediato y se fue hacia él.
—Hacete cargo de mi hijo, cuerno...
Fue tan fría en la forma de decirlo que me dejó sin reacción. En cambio no fue nada frío el andar y el bamboleo reguetonero de caderas cuando se dirigió hacia el tipo. No puedo asegurarlo porque nomás veía la espalda de ella, pero me juego una paja a que ya le sonreía.
—Tamy, comportate —la grité entre dientes. Por toda respuesta solo levantó una mano con desdén, ni siquiera giró para mirarme y tranquilizarme.
—Hola, preciosa —la saludó Machete con una sonrisa. Así, "hola, preciosa", como si estuviera en un boliche. Algo me decía que mientras yo estuve entreteniendo a Botellita, el viejo estuvo haciendo algo más que cogerse a mi mujer en el auto. Machete parecía tener demasiada información.
Don Roque lo saludó con un apretón de manos y un guiño.
—Hay que llenarle el tanque a esta belleza.
No se refería a mi auto, eso seguro.
Tamy ya estaba junto a Machete, que la miró de arriba a abajo sin disimulo, como si fuera una cosa garchable puesta en un escaparate. Se dieron un beso en la mejilla, casi rozándose lo labios, y yo me acerqué y me pegué a mi mujer como para marcar y proteger lo que por derecho solo me pertenecía a mí. Machete ni me registró, siguió mirando y sonriendo a Tamy.
Entonces don Roque, supongo que fastidiado porque yo me le pegué a su hembra, dijo con una brutalidad total:
—Acá el cornudo necesita nafta para llegar al primer pueblo. ¿Qué descuento le podés hacer?
¡Ah, no! Ya conocía el versito del descuento.
—No, ¡qué descuento! —salté— No quiero descuento de nada. Solo llene y cóbreme lo que me tenga que cobrar.
—Te la voy a llenar, no te preocupes —dijo, y esta vez miró a mi mujer a los ojos, y ella le sonrió. Ahí me di cuenta que se habían acercado mucho entre sí, y con los brazos en jarra, Tamy lo estaba tocando disimuladamente—. El único problema es que se me rompió la bomba del tanque.
—¿Qué bomba? ¿De qué estaba hablando?
Ya me estaba poniendo nervioso.
—La bomba que manda la nafta de la cisterna a su tanque.
—¿Pero puede cargarlo o no, carajo? —me impacienté.
Entonces don Roque me tomó de la base del cuello. Fuerte, muy fuerte.
—No sea soberbio, porteñito. ¿No le enseñé hace un rato que debe ser respetuoso con el prójimo?
El movimiento me sorprendió. Quedé a su merced con su manaza que me apretaba cada vez más fuerte y el dolor comenzó a acalambrarme las piernas. Vi a Machete sonreírle y zalamear a Tamy, que no parecía darse cuenta de nada a pesar de estar a mi lado.
—Por favor, don Roque... —murmuré, tartamudeando por el dolor, pero más por la humillación de ser sometido al lado de mi esposa.
—Todos ustedes son iguales, vienen a los pueblitos y se quieren aprovechar de nosotros.
Caí de rodillas al suelo, tomándome el cuello. Recién ahí Tamy pareció advertir algo:
—Mi amor, ¿te tropezaste?
—¡Maricón! —sentenció don Roque con desprecio.
Desde el suelo vi el brazo de Machete rodear la cintura de mi mujer y la mano apoyarse sobre un anca.
—Tiene que haber una forma.... —rogué al borde de las lágrimas.
—Hay una bomba manual —dijo el muchacho, sin darle mayor importancia. Seguía distraído con Tamy—. Pero yo no voy a accionarla. Está oxidada, se traba…
—Mi amor —dijo Tamy, ayudándome a levantar—, con Machete y don Roque pensamos que quizás lo mejor sea que ellos me lleven al pueblo así yo busco ayuda, y vos te quedas cuidando el auto con Botellita, y de paso tenés tiempo de calidad con él.
—¡No, no, no! —me apuré a decir, y restregué el hombro— No voy a dejarte ir sola a un pueblo desconocido, puede ser peligroso.
—No hay problema, ellos se ofrecieron a cuidarme.
Iba a gritarle a Tamy que se deje de joder, que me daba cuenta que se los quería coger. Eso me enfurecía, pero el dolor en el cuello y la mirada de pocos amigos de don Roque me hicieron recapacitar.
—Tamy, mi amor, no quiero separarte de Botellita —y miré a Machete, tratando de no bajar la mirada porque me parecía que el hijo de puta estaba manoseando a mi amorcito—. Yo puedo accionar esa bomba manual —Por un momento recordé la primera vez que fui a Lobos, la pileta vacía y la bomba, y me estremecí—. Total, ¿cuánto se puede tardar en llenar un tanquecito?
Tomara el tiempo que tomara, nomás agarrar la bomba me di cuenta que con esa porquería a mí me iba a llevar cien veces más. No solo estaba oxidada, estaba sucia de nafta y gasoil engrasado, de modo que había formado una costra en la varilla del pistón y se había taponado más de dos tercios del pico de salida. Machete instaló la bomba manual al pie del tanque cisterna y nada más.
—Ahí tiene —me dijo—. Bombee —y buscó a Tamy con la mirada, que estaba llegando al auto y quitándose las sandalias para entrar—. Yo voy a cobrarme con su mujer.
Y se fue con ella.


Ah, porque no les dije que en cuanto acepté bombear para que no se llevaran a mi mujer al pueblo, el hijo de puta de Machete dijo que nos ayudaba pero bajo el mismo arreglo que don Roque. Tamy pegó un saltito y la boca se le agrandó de oreja a oreja, aunque tuvo la deferencia de decirles:
—No me parece justo, ¡es un abuso! Ustedes dos cogiéndome y el pobre cornudo bombeando —Era una manera extraña de defenderme, porque la sonrisa no la hacía parecer muy indignada, más bien burlona.
Yo protesté. Por una vez apoyé a mi mujer para hacer frente común. Pero enseguida, casi al segundo, Tamy dijo:
—Aunque don Roque ya me cogió y se vació dos veces, mi amor. Un abuso más o un abuso menos no va a cambiar nada.
¡Maldita sea! Tamy siempre hacía la misma cuenta: una más, una menos... Al final se la terminaban garchando todos. Cuando llegáramos a casa tendríamos que hablar para corregir esto.


Cuando llegáramos a casa, no ahora. Porque ahora el turro de Machete la estaba metiendo en el auto, manoseándole el culazo a mi mujer, igual que horas antes había hecho don Roque.
—Papá, ¿el señor nuevo también va a hacer gritar a mamá...?
Botellita estaba a mi lado y miraba igual que yo cómo Machete y su madre se metían al auto.
—N-no sé mi amor, no creo —mentí, porque había visto el bulto del tal Machete y era descomunal. En realidad no el bulto, sino la verga larga y ancha que se le marcaba bajo la pierna del pantalón.
Don Roque había desaparecido, estaba meando al otro lado del camión. Yo le pedí a Botellita un destornillador, como para entretenerlo, y me lo trajo enseguida. Comencé a destapar el pico que conectaba a la manguera, y eso le resultó a mi hijo un juego de grandes y me pidió hacerlo él. Cedí mi lugar y aproveché para mirar furtivamente al auto, a unos siete metros. Tamy miraba hacia abajo con cara de sorpresa, seguramente maravillada por comprobar lo que se insinuaba dentro del pantalón de Machete.
Don Roque regresó de liberar su vejiga. Venía latigueando su verga de derecha a izquierda, sacudiéndolo. ¡Carajo!, tenía una víbora pitón entre las piernas. Con razón Tamy había querido ir al pueblo con él. Ya hablaríamos también de esto en casa. Botellita terminó de destapar el pico.
Fui al auto con el extremo de la manguera, para meterla en el tanque de nafta. La boca del tanque, ya saben, está pegado a los asientos traseros. Aproveché para hacer todo lento y así espiar —es decir, controlar— lo que tenía Machete entre las piernas y lo que le iba a hacer a mi mujer. Machete la tenía enorme, más imponente incluso que don Roque. Por suerte no tan monstruosa como la de Botellón, que mi mujer debía soportar cada verano, ensillada de verga mientras los otros la arengaban.
Tamy se había arrodillado y le ofrecía el culo y la concha a este nuevo hijo de puta, apoyándose e incluso sacando la cabeza por la ventanilla abierta para que el abusador estuviera más cómodo. Y el abusador estaba tan cómodo que, arrodillado detrás de ella, había apoyado el vergón sobre las nalgas de mi mujer, por la raya. Yo no estaba del lado de Tamy, sino del de Machete. Veía claramente esa manguera de carne, gruesa y pesada, apoyada sobre y entre las nalgas de mi mujer y llegar hasta cerca de la cintura. "No le va a entrar semejante pedazo", pensé, mientras veía cómo Machete soltaba la pija sobre la cola de Tamy para que sintiera y vibrara con ese peso muerto.
Metí la manguera en la boca del tanque, que de tan finita bailaba, y me asomé por la ventanilla.
—Señor Machete, no le va a meter todo eso, ¿verdad? —Tamy se rió— No quiero que la lastime.
—Mi amor, por ahí abajo salió Botellita, puede entrar lo que sea que disponga un buen macho.
A veces Tamy hablaba así. No durante el año, pero sí durante los veranos en la quinta de Lobos.
—No, bebé —dijo Machete, entre jocoso y amable, y comenzó a masajearle las nalgas—. Este pedazo te va entrar por la colita... quiero sentirte realmente estrecha.
Tamy rió, como si fuera un chiste. Yo me angustié. Aunque cada año se lo hacían Botellón, don José y el Indio, sabía que alguna vez me iba a tocar a mí y no quería que más machos me la siguieran ensanchando.
—No, Machete, ¡el culo no!
Machete ya se masajeaba la verga, como para endurecer y penetrar.
—Tranquilo, cuerno, que no le va a doler.
—¡No es eso!, ¡no quiero que me la estire!



PODÉS COMENTAR EL RELATO ACÁ ABAJO, COMO SIEMPRE

jueves, 27 de julio de 2017

Cómo leer los relatos del Blog

Para leer los relatos del blog:

Hay dos tipos de relatos:
1- Gratuitos (en la columna de la izquierda)
2- Pagos (columna derecha).

1- Relatos Gratuitos:
Hay dos grupos de relatos gratis:
a) Un grupo de más de 50 relatos, que están aquí mismo en este blog, en la columna de la izquierda.
b) Un grupo de 10 relatos que estarán alojados en Rebelde Buey FULL.
- Para leer gratis estos 10 relatos (se irán publicando durante el año, y anunciando acá) debés entrar (sin pagar) a Rebelde Buey FULL (www.patreon.com/rebeldebuey).
También podés ir directamente desde este blog, con el botón naranja de la columna de la derecha.


2- Relatos Pagos:
Para leer los relatos pagos hay que suscribirse al blog de Rebelde Buey FULL, del mismo modo que uno se suscribe a Netflix, Internet o a una revista.
Hay dos niveles de suscripción:
a) Suscripción Básica:
Pagando U$ 5 dólares mensuales tenés acceso a todo lo anterior más los dos relatos principales (largos) nuevos por mes.
b) Suscripción Full:
Pagando U$ 10 dólares mensuales tenés acceso a:
- 2 relatos principales (largos) nuevos por mes.
- 2 relatos breves en la línea de CuerniX, CRMI y similares, o Anecdotarios, etc., generalmente con foto.
- Todo el fondo editorial del blog de Rebelde Buey habilitado, es decir, todos las series, mini series, nouvelles, series desaparecidas (como Infancia Suburbana), unitarios, etc. Nota: no incluye la novela.
- Diarios íntimos.
- PULP
- Anexos, Anecdotarios y más.
c) Amazon.com:
Compra de relatos individuales y mini series terminadas en Amazon.com. Los precios varían de acuerdo al tiempo que tomó escribirlos.
Nota: esta opción aún no está habilitada (se hará al final de todo el proceso)


TU PRIVACIDAD  A SALVO
No te preocupes, el gasto en tu tarjeta de crédito aparecerá como "VISIT PATREON.COM/INFO" (ninguna referencia a Rebelde Buey, ni relatos, ni cuernos ni nada). Si alguien visitara patreon.com, encontrará millones de páginas “normales” de moda, libros, música, artes, etc. Los blogs adultos no están visibles, ni siquiera como búsqueda interna dentro del sitio. ¡Perfecto!

Se publica el 1 de Octubre

Se publica el 1 de Octubre
Las cosas se ponen cada vez peor para la Turca y el Poroto... Bueno, sólo para el Poroto.