viernes, 18 de agosto de 2017

El Club de la Pelea (01)

—¿Por qué me insultás, vos?
Benigno se estremeció. El tono del tipo era recriminatorio y agresivo, amenazante, y él era de esas personas que la sola posibilidad de violencia lo empequeñecía. Su memoria emotiva lo llevó de inmediato al episodio del lunes, en que otro socio del club creyó que él le hablaba de manera grosera y casi se fueron a las manos.
—N-no, señor… —respondió con un notorio temblor en el mentón—. Yo no lo insulté…
No le gustaba decir señor, pero menos le gustaba tener que confrontar con el sujeto aquél, que de hombro a hombro medía el ancho de una heladera. Buscó con la vista a Gimena, su mujer, dando vueltas con sus patines en la canchita de cemento, más allá de la ventana del barsucho. Si ella lo veía quizá pudiera hacerle una seña para que viniera rápido, pero estaba en la suya, riendo con las otras chicas mientras el instructor les daba indicaciones.
—Me dijo el Rengo que me dijiste negro de mierda.
Rengo era el crápula que atendía el barcito del club. Era un viejo roñoso y desaliñado que espantaba las moscas con un trapo oscuro de mugre, el mismo trapo que después usaba para limpiarte la mesa. Era la tercera vez en menos de dos semanas que el Rengo lo ponía en un aprieto similar. La primera vez, la vez que todo se desmadró y lo salvó Gimena, fue con otro de los parroquianos, uno llamado Antonio, del que luego supo regenteaba una parrilla en la ruta, en las afueras del pueblo. Su mujer vino al rescate cuando Antonio se le fue encima para trompearlo. Benigno juraba que le había volcado el agua sin intención, y que tampoco era tanta, y el Rengo solo se encogía de hombros.
—Yo no dije nada, señor, debe ser un malentendido —Benigno se levantó de su mesa en cuanto vio que el otro tipo avanzó hacia él. Estaban en ese club de mierda lleno de viejos de mierda que se juntaban todo el día a tomar un vinito berreta y jugar a las barajas. Era una guarida de vagos: viejos jubilados, tipos desempleados o que habían vivido toda la vida de changas, en ese lugar sucio y oscuro, con seis mesas de aglomerado y fórmica, azulejos de hospital detrás de la barra y piso de baldosones renegridos de grasa y humedad. Y como si le faltara algo, sonaba una radio chillona, que graznaba tangos y milongas, separados con comentarios del conductor y risas de una locutora con voz de vieja.
—Señor Rengo, dígale que no dije nada.
Desde el mostrador del bar, el Rengo se encogió de hombros y se llevó un escarbadientes a la boca. Benigno volvió a mirar hacia la canchita y esta vez Gimena lo estaba observando. A él, retrocediendo acobardado, como las otras veces, y al tipo, viniendo a pegarle, como hicieran los otros.
—¡No me pegue, por favor! ¡No me pegue! —gritó Benigno, alzando las manos para defenderse de la golpiza inminente.
Se despreció. Como persona. Como hombre. Pero sabía que no iba a soportar los golpes. Y encima su mujer que no llegaba para salvarlo.
—¡Surtilo, Pústula! —arengó uno, cuando el tipo ya se le plantó al lado y Benigno se hizo un ovillito a sus pies, casi entre sus piernas— ¡Cagalo a palos por cornudo!
Benigno apretó los ojos, que le quedaron más cerrados que su culo en ese momento. El tal Pústula levantó el brazo para pegarle.
—¿Qué pasa acá? ¿Por qué le quiere pegar a mi marido?
Era la voz de Gimena. Benigno respiró, desde su madriguera abrió los ojos y vio a su victimario detenido con la mano en alto, girar hacia su mujer, que estaba de pie junto a la puerta. La luz le daba de atrás a Gimena y le dibujaba la silueta dándole volumen a sus curvas. Estaba montada sobre las botitas con patines, las medias blancas, altas hasta mitad de muslo, y el shortcito breve —demasiado breve para Benigno— que le enguantaba la entrepierna de manera sólida. Arriba, la casaca del club, una remera blanca con detalles azules y amarillo huevo, con el número 69, tan ajustada que no solo le marcaba los pechos llenos y formidables, sino que ponía de relieve los bordes de las copas del corpiño. La miraron todos los parroquianos, como carneros babosos.
—Tu marido me insultó —sonrió Pústula.
—¿Otra vez metiéndote en líos, amor?
—¡Yo no dije nada, Gime, te lo juro!
Y de pronto, como si fuera una obra ya practicada por tercera vez, Gimena preguntó:
—¿No hay otra manera de arreglar esa ofensa? 
—Esto solo se arregla a lo macho.
Gimena esta vez sonrió.
—Pero debe haber… no sé, otra manera de demostrar quién es más macho, ¿no?
Benigno se adelantó, alarmado:
—¡No, Gime, otra vez no!
—¡Callate, cuerno! —gritó Pústula, con tanta agresividad que Benigno volvió a acurrucarse en su rincón.
—Mi amor, si no lo hago, te va a pegar.
Benigno vio la sonrisa burlona de los otros parroquianos, que miraban la escena como si se tratara de una obra de teatro.
—Pero no es justo, yo no le dije nada.
—Él dice que le dijiste.
—¡El Rengo le dijo, pero es mentira! ¡También dijo que amenacé al tipo ése el lunes y no fue cierto! ¡Lo dice para que te cojan!
El Rengo salió de atrás del mostrador.
—¿Qué dice esta basura, que soy un mentiroso?
Un par amagaron calmarlo pero el viejo se vino rápido. Benigno temió que le pegaran dos en vez de uno, o que le cogieran a su mujer dos, en vez de uno.
—¡Está bien, está bien, perdónemé!
Todo se congeló. Desde la canchita habían detenido la práctica de patinaje para ver qué sucedía, con el Profe adelante y las mujeres detrás de él, que sonreían como si supieran lo que iba a pasar. Benigno se sintió más humillado que nunca. Todo el club estaba a la expectativa de si Pústula le iba a coger a su mujer. Mejor dicho: cuándo se la iba a coger.
—Elegí cómo se resuelve quién es más macho, cuerno. O nos agarramos a trompadas o me garcho a tu mujer en el cuartito.
No era justo. Benigno no se había sentido tan impotente en su vida. Se la iban a coger. Otra vez. Y otra vez se iban a enterar todos, porque el grandote éste, Pústula, la iba a tomar a Gimena de la mano y se la iba a llevar al cuartito de trastos del bar, que el Rengo ya tenía preparado. Y sí, igual que las otras veces, a la vista de los parroquianos, las chicas de patinaje, el Profe y algún borrachín que siempre pasaba.
—Pero no es justo… —llorisqueó Benigno, y en su quiebre se cristalizó la elección. Pústula sonrió como un lobo en celo y su mujer también, aunque cortó los labios cuando se vio descubierta—. Gime…
—Mi amor, peor sería que te desfiguren a trompadas… —Pústula ya la tomaba de la mano y el resto de los vagos comenzaba a abrirse del paso, formando un pasillo de boda hacia el cuartito—. Además no me va a hacer nada, solo vamos a hablar.

Giró sonriendo porque el macho ya se la llevaba. Benigno vio el culazo de su mujer, clavado a fondo por el tiro del shortcito y se preguntó dónde se la clavaría Pústula. Porque lo de hablar no se lo creía nadie. Ni él ni los que habían sido testigos de la primera intervención de su mujer, dos semanas atrás.

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lunes, 14 de agosto de 2017

jueves, 10 de agosto de 2017

Test de Lealtad (sample)

TEST DE LEALTAD
Una nueva e incipiente moda da cuenta de mujeres que se ponen al servicio de la pareja para testear y comprobar la real calidad de las relaciones de sus maridos. Estas mujeres, verdaderas leonas de manada, cuidan de sus hombres hasta el punto de poner el cuerpo en la difícil tarea de detectar si los amigos, socios o parientes de su marido son confiables.
La metodología es sencilla: ellas se producen bonitas y provocan situaciones para quedar a solas con el sujeto a evaluar. Si los hombres se les insinúan, es clara señal de que no son dignos de confianza.
En este foro solo publicamos los testimonios de los protagonistas, hombres y mujeres que pusieron a prueba aquellas lealtades insospechadas, y sus sorprendentes resultados.


1. Un Socio Rápido para los Números
Beto: Algunos dicen que lo del Test de Lealtad es una locura, pero a mí me sirvió para sacarme de encima a mi socio en la pizzería, que tarde o temprano me iba a estafar, como resulta de estas pruebas que mi mujer Gabbi me convenció de hacer.
Mi socio y yo teníamos dos pizzerías, una chiquita de barrio, medio mugrienta y pedorra, y otra grande e importante, bien ubicada en un barrio bacán. La sociedad era 90/10, 90% de él, y 10% para mí, pero mi socio quería integrar a otros inversores para crecer. Ahí fue cuando Gabbi me dijo que era mejor hacer el test, que más vale darse cuenta ahora y no más adelante con más plata en juego y con gente metida que yo no sabía ni de dónde la habían sacado. Al principio me rehusé, porque parte del truco es que el señuelo (mi mujer) se vistiera con mini faldas bien cortitas para ver si la miran o se le insinúan, pero luego me convenció porque me recordó que ella ya no me hacía cornudo, que desde que la había internado en el CRMI se había curado y que ya no había peligro.
Para testear la lealtad de mi socio antes de que ingresen los nuevos inversores, un día lo llamé y me mostré enfermo, pidiéndole que por ese día se haga presente él en el negocio pequeño y pedorro, que era el que siempre atendía yo. Me dijo que no podía, que mejor cerráramos la pizzería por ese día, pero cambió de opinión cuando le informé que yo iba a mandar a mi mujer a ayudarlo.
Gabbi: Me fui bien bien putita, con una minifalda roja que no usaba desde la época en que a mi Beto lo corneaba casi a diario. Me quedaba más emputecida, porque el último año de tratamiento en el CRMI me engordaron un poco la cola a fuerza de pijazos y leche, así que la mini me explotaba. “mejor, le dije a Beto, cuanto más puta parezca, más rápido va a deschavarse si es un traicionero, o si es el socio honesto que te merecés”.
Lo convencí, igual que lo convencía cuando iba a bailar con mis amigas para hacerme garchar por tres o cuatro machos y él se quedaba en casa cuidando al bebé. El socio de mi marido cayó un rato después que yo abriera temprano el local y casi se cae de la impresión. Es que siempre causo una buena impresión. Empecé a trabajar, acomodar cosas y prepararme para atender gente, pero asegurándome de mostrarle el culazo que tengo y con la mini bien bien cortita.
No tardó nada en reaccionar, cinco minutos como mucho y ya me estaba metiendo mano y agarrándome el culazo con la bombachita toda metida en el ort[CONTINÚA EN REBELDE BUEY FULL : https://www.patreon.com/rebeldebuey ]



viernes, 4 de agosto de 2017

CuerniX: Ceci, Egresada y Estirada para el Cornudo

Los viejos relatos de CuerniX se están publicando casi todos los días (de a uno, ya vamos por el octavo) en el blog FULL.




(completo en https://www.patreon.com/rebeldebuey)

martes, 1 de agosto de 2017

Rebelde Buey FULL, Lanzamiento Oficial

Acaba de lanzarse de manera oficial el nuevo blog FULL, o la sección de relatos por suscripción.
Y para materializarlo, en www.patreon.com/rebeldebuey se acaba de publicar:

1- Bombeando 04, Parte II, con NUEVO FINAL + foto, exclusivo para suscriptores.
Se trata de un final después del final, 15 días después, con la vuelta de la familia al pueblo de don Roque, al taller, para pagar los 500 pesos que le debían, y donde Tamy conocerá a los tres empleados de los que el viejo le

viernes, 28 de julio de 2017

Bombeando (04) (Parte II) (Tamy)

Bombeando (04) (Parte II) (Tamy)

Por Rebelde Buey

El camión cisterna llegó envuelto en polvo y humo blanco. Era más viejo y destartalado que la camioneta de don Roque. Seguro que el hijo de puta habría llamado a algún viejo como él, amigo de toda la vida, para mostrarle —y ufanarse de— la pendeja que se había cogido.
Pero del camioncito salió un muchacho de unos 30 o 35 años, alto, ancho de hombros, de abdominales planos y cabello enmarañado. Tenía los ojos claros y la piel bronceada por el yugo, con una cicatriz fea en la mejilla mal afeitada, que le deba un aire de narcotraficante “bueno” de telenovela.
Tamy me soltó de inmediato y se fue hacia él.
—Hacete cargo de mi hijo, cuerno...
Fue tan fría en la forma de decirlo que me dejó sin reacción. En cambio no fue nada frío el andar y el bamboleo reguetonero de caderas cuando se dirigió hacia el tipo. No puedo asegurarlo porque nomás veía la espalda de ella, pero me juego una paja a que ya le sonreía.
—Tamy, comportate —la grité entre dientes. Por toda respuesta solo levantó una mano con desdén, ni siquiera giró para mirarme y tranquilizarme.
—Hola, preciosa —la saludó Machete con una sonrisa. Así, "hola, preciosa", como si estuviera en un boliche. Algo me decía que mientras yo estuve entreteniendo a Botellita, el viejo estuvo haciendo algo más que cogerse a mi mujer en el auto. Machete parecía tener demasiada información.
Don Roque lo saludó con un apretón de manos y un guiño.
—Hay que llenarle el tanque a esta belleza.
No se refería a mi auto, eso seguro.
Tamy ya estaba junto a Machete, que la miró de arriba a abajo sin disimulo, como si fuera una cosa garchable puesta en un escaparate. Se dieron un beso en la mejilla, casi rozándose lo labios, y yo me acerqué y me pegué a mi mujer como para marcar y proteger lo que por derecho solo me pertenecía a mí. Machete ni me registró, siguió mirando y sonriendo a Tamy.
Entonces don Roque, supongo que fastidiado porque yo me le pegué a su hembra, dijo con una brutalidad total:
—Acá el cornudo necesita nafta para llegar al primer pueblo. ¿Qué descuento le podés hacer?
¡Ah, no! Ya conocía el versito del descuento.
—No, ¡qué descuento! —salté— No quiero descuento de nada. Solo llene y cóbreme lo que me tenga que cobrar.
—Te la voy a llenar, no te preocupes —dijo, y esta vez miró a mi mujer a los ojos, y ella le sonrió. Ahí me di cuenta que se habían acercado mucho entre sí, y con los brazos en jarra, Tamy lo estaba tocando disimuladamente—. El único problema es que se me rompió la bomba del tanque.
—¿Qué bomba? ¿De qué estaba hablando?
Ya me estaba poniendo nervioso.
—La bomba que manda la nafta de la cisterna a su tanque.
—¿Pero puede cargarlo o no, carajo? —me impacienté.
Entonces don Roque me tomó de la base del cuello. Fuerte, muy fuerte.
—No sea soberbio, porteñito. ¿No le enseñé hace un rato que debe ser respetuoso con el prójimo?
El movimiento me sorprendió. Quedé a su merced con su manaza que me apretaba cada vez más fuerte y el dolor comenzó a acalambrarme las piernas. Vi a Machete sonreírle y zalamear a Tamy, que no parecía darse cuenta de nada a pesar de estar a mi lado.
—Por favor, don Roque... —murmuré, tartamudeando por el dolor, pero más por la humillación de ser sometido al lado de mi esposa.
—Todos ustedes son iguales, vienen a los pueblitos y se quieren aprovechar de nosotros.
Caí de rodillas al suelo, tomándome el cuello. Recién ahí Tamy pareció advertir algo:
—Mi amor, ¿te tropezaste?
—¡Maricón! —sentenció don Roque con desprecio.
Desde el suelo vi el brazo de Machete rodear la cintura de mi mujer y la mano apoyarse sobre un anca.
—Tiene que haber una forma.... —rogué al borde de las lágrimas.
—Hay una bomba manual —dijo el muchacho, sin darle mayor importancia. Seguía distraído con Tamy—. Pero yo no voy a accionarla. Está oxidada, se traba…
—Mi amor —dijo Tamy, ayudándome a levantar—, con Machete y don Roque pensamos que quizás lo mejor sea que ellos me lleven al pueblo así yo busco ayuda, y vos te quedas cuidando el auto con Botellita, y de paso tenés tiempo de calidad con él.
—¡No, no, no! —me apuré a decir, y restregué el hombro— No voy a dejarte ir sola a un pueblo desconocido, puede ser peligroso.
—No hay problema, ellos se ofrecieron a cuidarme.
Iba a gritarle a Tamy que se deje de joder, que me daba cuenta que se los quería coger. Eso me enfurecía, pero el dolor en el cuello y la mirada de pocos amigos de don Roque me hicieron recapacitar.
—Tamy, mi amor, no quiero separarte de Botellita —y miré a Machete, tratando de no bajar la mirada porque me parecía que el hijo de puta estaba manoseando a mi amorcito—. Yo puedo accionar esa bomba manual —Por un momento recordé la primera vez que fui a Lobos, la pileta vacía y la bomba, y me estremecí—. Total, ¿cuánto se puede tardar en llenar un tanquecito?
Tomara el tiempo que tomara, nomás agarrar la bomba me di cuenta que con esa porquería a mí me iba a llevar cien veces más. No solo estaba oxidada, estaba sucia de nafta y gasoil engrasado, de modo que había formado una costra en la varilla del pistón y se había taponado más de dos tercios del pico de salida. Machete instaló la bomba manual al pie del tanque cisterna y nada más.
—Ahí tiene —me dijo—. Bombee —y buscó a Tamy con la mirada, que estaba llegando al auto y quitándose las sandalias para entrar—. Yo voy a cobrarme con su mujer.
Y se fue con ella.


Ah, porque no les dije que en cuanto acepté bombear para que no se llevaran a mi mujer al pueblo, el hijo de puta de Machete dijo que nos ayudaba pero bajo el mismo arreglo que don Roque. Tamy pegó un saltito y la boca se le agrandó de oreja a oreja, aunque tuvo la deferencia de decirles:
—No me parece justo, ¡es un abuso! Ustedes dos cogiéndome y el pobre cornudo bombeando —Era una manera extraña de defenderme, porque la sonrisa no la hacía parecer muy indignada, más bien burlona.
Yo protesté. Por una vez apoyé a mi mujer para hacer frente común. Pero enseguida, casi al segundo, Tamy dijo:
—Aunque don Roque ya me cogió y se vació dos veces, mi amor. Un abuso más o un abuso menos no va a cambiar nada.
¡Maldita sea! Tamy siempre hacía la misma cuenta: una más, una menos... Al final se la terminaban garchando todos. Cuando llegáramos a casa tendríamos que hablar para corregir esto.


Cuando llegáramos a casa, no ahora. Porque ahora el turro de Machete la estaba metiendo en el auto, manoseándole el culazo a mi mujer, igual que horas antes había hecho don Roque.
—Papá, ¿el señor nuevo también va a hacer gritar a mamá...?
Botellita estaba a mi lado y miraba igual que yo cómo Machete y su madre se metían al auto.
—N-no sé mi amor, no creo —mentí, porque había visto el bulto del tal Machete y era descomunal. En realidad no el bulto, sino la verga larga y ancha que se le marcaba bajo la pierna del pantalón.
Don Roque había desaparecido, estaba meando al otro lado del camión. Yo le pedí a Botellita un destornillador, como para entretenerlo, y me lo trajo enseguida. Comencé a destapar el pico que conectaba a la manguera, y eso le resultó a mi hijo un juego de grandes y me pidió hacerlo él. Cedí mi lugar y aproveché para mirar furtivamente al auto, a unos siete metros. Tamy miraba hacia abajo con cara de sorpresa, seguramente maravillada por comprobar lo que se insinuaba dentro del pantalón de Machete.
Don Roque regresó de liberar su vejiga. Venía latigueando su verga de derecha a izquierda, sacudiéndolo. ¡Carajo!, tenía una víbora pitón entre las piernas. Con razón Tamy había querido ir al pueblo con él. Ya hablaríamos también de esto en casa. Botellita terminó de destapar el pico.
Fui al auto con el extremo de la manguera, para meterla en el tanque de nafta. La boca del tanque, ya saben, está pegado a los asientos traseros. Aproveché para hacer todo lento y así espiar —es decir, controlar— lo que tenía Machete entre las piernas y lo que le iba a hacer a mi mujer. Machete la tenía enorme, más imponente incluso que don Roque. Por suerte no tan monstruosa como la de Botellón, que mi mujer debía soportar cada verano, ensillada de verga mientras los otros la arengaban.
Tamy se había arrodillado y le ofrecía el culo y la concha a este nuevo hijo de puta, apoyándose e incluso sacando la cabeza por la ventanilla abierta para que el abusador estuviera más cómodo. Y el abusador estaba tan cómodo que, arrodillado detrás de ella, había apoyado el vergón sobre las nalgas de mi mujer, por la raya. Yo no estaba del lado de Tamy, sino del de Machete. Veía claramente esa manguera de carne, gruesa y pesada, apoyada sobre y entre las nalgas de mi mujer y llegar hasta cerca de la cintura. "No le va a entrar semejante pedazo", pensé, mientras veía cómo Machete soltaba la pija sobre la cola de Tamy para que sintiera y vibrara con ese peso muerto.
Metí la manguera en la boca del tanque, que de tan finita bailaba, y me asomé por la ventanilla.
—Señor Machete, no le va a meter todo eso, ¿verdad? —Tamy se rió— No quiero que la lastime.
—Mi amor, por ahí abajo salió Botellita, puede entrar lo que sea que disponga un buen macho.
A veces Tamy hablaba así. No durante el año, pero sí durante los veranos en la quinta de Lobos.
—No, bebé —dijo Machete, entre jocoso y amable, y comenzó a masajearle las nalgas—. Este pedazo te va entrar por la colita... quiero sentirte realmente estrecha.
Tamy rió, como si fuera un chiste. Yo me angustié. Aunque cada año se lo hacían Botellón, don José y el Indio, sabía que alguna vez me iba a tocar a mí y no quería que más machos me la siguieran ensanchando.
—No, Machete, ¡el culo no!
Machete ya se masajeaba la verga, como para endurecer y penetrar.
—Tranquilo, cuerno, que no le va a doler.
—¡No es eso!, ¡no quiero que me la estire!



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jueves, 27 de julio de 2017

Cómo leer los relatos del Blog

Para leer los relatos del blog:

Hay dos tipos de relatos:
1- Gratuitos (en la columna de la izquierda)
2- Pagos (columna derecha).

1- Relatos Gratuitos:
Hay dos grupos de relatos gratis:
a) Un grupo de más de 50 relatos, que están aquí mismo en este blog, en la columna de la izquierda.
b) Un grupo de 10 relatos que estarán alojados en Rebelde Buey FULL.
- Para leer gratis estos 10 relatos (se irán publicando durante el año, y anunciando acá) debés entrar (sin pagar) a Rebelde Buey FULL (www.patreon.com/rebeldebuey).
También podés ir directamente desde este blog, con el botón naranja de la columna de la derecha.


2- Relatos Pagos:
Para leer los relatos pagos hay que suscribirse al blog de Rebelde Buey FULL, del mismo modo que uno se suscribe a Netflix, Internet o a una revista.
Hay dos niveles de suscripción:
a) Suscripción Básica:
Pagando U$ 5 dólares mensuales tenés acceso a todo lo anterior más los dos relatos principales (largos) nuevos por mes.
b) Suscripción Full:
Pagando U$ 10 dólares mensuales tenés acceso a:
- 2 relatos principales (largos) nuevos por mes.
- 2 relatos breves en la línea de CuerniX, CRMI y similares, o Anecdotarios, etc., generalmente con foto.
- Todo el fondo editorial del blog de Rebelde Buey habilitado, es decir, todos las series, mini series, nouvelles, series desaparecidas (como Infancia Suburbana), unitarios, etc. Nota: no incluye la novela.
- Diarios íntimos.
- PULP
- Anexos, Anecdotarios y más.
c) Amazon.com:
Compra de relatos individuales y mini series terminadas en Amazon.com. Los precios varían de acuerdo al tiempo que tomó escribirlos.
Nota: esta opción aún no está habilitada (se hará al final de todo el proceso)


TU PRIVACIDAD  A SALVO
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¿Por qué los relatos pagos?

La idea de Patreon.com es sencilla: juntar a los artistas y sus seguidores, de modo que la suma de los seguidores ayude a que el artista pueda generar más de su arte. Los artistas se dedican más tiempo a crear, y los seguidores disfrutan de más obras que de otro modo no existirían. Todos ganan.

Durante diez años escribí y subí de manera gratuita a este blog bastante más de 200 relatos cornudos, llenos de morbo, romance, humor y fibra humana. Mi idea era ofrecer relatos calientes sin subestimar al lector en cuanto a la calidad, y creo que el objetivo se cumplió.
Cada relato me toma entre 20 y 30 horas de trabajo, dependiendo de la longitud y complejidad del texto, y ahora decidí darle un valor a ese tiempo, y de esa manera también darle un valor a lo que escribo.
No sé cuánto valen 20 o 30 horas/hombre de mi oficio, pero no debería ser menos que las 20-30 horas de una doméstica o del que pasea los perros.  
Puesto así, pueden ver esto de la suscripción como un encuentro entre amigos donde yo les cocino una sabrosa comida, y ustedes me invitan el café, pues el valor de cada relato es menos que un café. Sí, menos que un café.

Cómo abrir la cuenta en el blog FULL / Paypal / Tarjetas de Crédito

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Estoy investigando otro sistema para pagar en los PagoFácil y Rapipago pero es mucho más caro y engorroso. Luego de acomodar un poco todo voy a ver si lo sumo; aunque no convenga, será una opción más.

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miércoles, 14 de junio de 2017

Bombeando 4: Tamy, Diez Años Después (I)

BOMBEANDO 4: TAMY, DIEZ AÑOS DESPUÉS, PARTE I
(VERSIÓN 1.2)

Por Rebelde Buey


[ ¡Carajo! Por una vez que no íbamos a la quinta de Lobos de vacaciones. Por una vez que convencí a mi mujer de no ir a ese lugar infernal donde siempre terminaban garchándomela… y yo como un cornudo haciendo el trabajo de los caseros, en vez de descansar como corresponde a un buen esposo y padre de familia… ]


Se acomodó la verga por sobre el mugroso pantalón con un gesto despreocupado, sin que le importara mi hijo ahí delante, o mi mujer. Aunque seguro hizo aquello justamente por ella, para que lo viera bien, para que lo midiera. ¡Y por Dios que le medía como un burro!
—Tengo de todo en el camión, menos nafta —dijo don Roque, mirando solo a Tamy e ignorándome por completo—. Todo el mundo sabe que no se puede cruzar esta ruta sin el tanque cargado hasta rebalsar —ahora sí me habló a mí, para juzgarme por mi imbecilidad.
No supe qué decir, solo me puse rojo como una señal de PARE. Botellita corría alrededor nuestro levantando polvo, y yo estaba con la cabeza puesta en la ropa que llevaba mi mujer: una minifalda tejida color salmón que le hacía ver más largas sus piernas bronceadas, y una remera top blanca con letras grandes que decía “Used Bitch”, descotada de hombro a hombro. Parecía una modelo, no la madre de un crío de ocho años. Tamy le sonreía al de la grúa de una manera que me recordaba a otros tiempos.
No estaba la cosa como para sonreírle a nadie. Nos habíamos quedado en medio del desierto, en una ruta abandonada, y este tipo, don Roque, fue el único que milagrosamente pasó en las últimas seis horas. El pobre Botellita ya estaba insoportable de aburrimiento, y yo comenzaba a temer la todavía lejana llegada de la noche, por los coyotes y otras alimañas.
—Y bueno, ¡remólquenos! —me impacienté, más que nada porque don Roque se estaba comiendo con la mirada a mi esposa y quería romper esa magia… Es que Tamy seguía sonriente y ahora levantaba el piecito derecho y juntaba un poco los brazos, inflando sus pechos, que le habían crecido desde que incrementara su actividad sexual—. ¡Le pago lo que quiera!
—No es tan sencillo, porteñito...
Me lo dijo mal, con desprecio. El tipo ya no me gustaba, ahora me empezaba a dar miedo.
—¿Qué tiene de complicado remolcar un auto?
—Son doscientos kilómetros al pueblo, y tengo nafta solo para volver. Si lo remolco, con el peso extra de su auto, el tanque no me aguanta y nos quedamos los dos.
—No quiero quedarme acá toda la noche —puchereó Tamy, de pronto miedosa—. ¿Y si vienen los coyotes?
—No se preocupe, señorita —le dijo don Roque, y le apoyó una mano sobre el hombre desnudo—. Si tengo que quedarme acá hasta el amanecer para que ustedes estén más seguros, puedo sacrificarme.
Se me encendieron todas las alarmas. Conocía de sobra este tipo de sacrificios que los hombres ofrecían cada vez que estaba con Tamy. Así que puse las cosas en su lugar.
—“Señora” —lo corregí.

miércoles, 10 de mayo de 2017

Pre Aviso

PREAVISO
(VERSIÓN 1.1.1)

Por Rebelde Buey


1.
Estaban echando gente a lo pavote así que entré medio temblequeando al despacho del señor Gaber, mi jefe. Me di cuenta cuando agarré el picaporte de la puerta: entre la agitación y el sudor, la mano se me patinó dos veces.
—¿Querés que te ayude? —me preguntó Érika, la secretaria, con gesto de suficiencia. Era una morocha escultural, una belleza de ojazos y pechos italianos que podría estar trabajando perfectamente en la tele o el cine. Era sin lugar a dudas la mujer más sexy de toda la empresa, la que todos se querían coger, y la que —se sabía— únicamente se cogía mi jefe. Bueno, mi jefe y por supuesto René Muni, su marido y compañero mío en el departamento de Crédito.
—N-no, está bien —dije, me sequé la mano y abrí. Érika me intimidaba. No tenía el rango de mi jefe pero era conocida por su malicia, amén de ser su mano derecha, lo que le daba un poder residual que metía todavía más miedo.
Adentro, mi jefe practicaba golf contra un vaso acostado sobre la alfombra.
—¡Cirilo, qué bueno que viniste!
Se me acercó y me dio la mano. Mi jefe era de esos tipos que nada lo afecta, te trata como si no fueras su subordinado, pero te deja en claro que tenés que hacer lo que te pida. "Qué bueno que viniste", dijo, como si yo hubiera pasado a visitarlo en lugar de haber acudido a su llamado.
—¿Quería verme, señor?
—Cirilo, ¿cuánto hace que trabajás acá? Seis años, ¿no? Si habrás visto cosas... Ya conocés cómo funciona esto, viste que la mano no viene bien... Pateame la pelotita... Gracias... Cirilo, no te la voy a caretear: está sobrando gente por todos lados y ya sabés que Crédito viene para abajo desde hace dos años...
Me asusté. Si me echaban en medio de esa coyuntura económica iba a terminar durmiendo en la calle.
—¡Señor, no me eche por favor!
—Cirilo, solamente en este edificio trabajan 180 personas... y el recorte que tiraron es del 30% para la primera etapa. Vos estás en números, decime cómo hago...
Venía transpirando y de pronto el sudor se me hizo helado.
—Señor, hace seis años que trabajo para usted. En el sector hay gente con menos antigüedad... López, Aguirre, Muni...
Mi jefe me miró como si estuviera loco.
—No voy a echar a Muni. Me cojo a la perra bestial que tiene de esposa.
Lo dijo con una falta absoluta de reserva, como si estuviera hablando del clima.
—¿Y López? ¿Y Aguirre?
—¿No conocés a la novia de Aguirre? A esa bomboncita la veo en su casa. ¿O por qué te pensás que desaparezco todos los miércoles de 14 a 17? Y antes que me insistas por López, me pidió el gerente de logística que no lo eche, él y un amigo le cogen a la mujer una o dos veces por semana. ¡Qué desvergonzados!
Estaba perdido. La fatalidad de la situación me ahogó el pecho y la garganta. Quedé en silencio, imposibilitado de hablar.
—¿Me pateás la pelotita?
Le pateé la pelotita. Dios, ¿qué iba a hacer? ¿Cómo se lo diría a Eugenia? Ella vivía en su mundo, estudiando para veterinaria y sin la mínima intención de buscar trabajo en el mientras tanto. Al menos le ponía ganas al hogar y con sus 26 años procuraba convertirse en una buena ama de casa, lo que no siempre sucedía y yo utilizaba para mofarme de ella y reírnos juntos. Esta vez no nos íbamos a reír. Ella era una adulta-niña y yo, en mis 46, ya comenzaba a quedar fuera de las búsquedas de personal de las empresas.  
—Pero acordándome de las viejas épocas —siguió mi jefe—, de las buenas, de cuando andábamos bien y hacíamos dos fiestas por año, ¿te acordás?, se me ocurrió que en una de esas podría haber una solución.

viernes, 24 de febrero de 2017

Juli (y el Cornudo de Tetas) VI (Final)

JULI: Capítulo 6
(VERSIÓN 1.0)

Por Rebelde Buey


10.
Otra vez en la estación Caballito. Otra vez en la hora pico. Bencina me había dado instrucciones precisas: “cuando yo te mande un mensaje de texto vos lo llamás al cuerno y le decís que te sentís mal, que necesitás que te pase a buscar por la estación. Y cuando llegue, le decís que ya estás mejor y se toman el tren para volver.”
No crean que me dio más detalles, solo eso, y que confíe en él. Ah, y que sí o sí vaya con minifalda.
Por suerte tengo un montón de minis que no son de puta. Aunque el último año solo me había comprado ropa bien perra (buena parte de la cual se la oculté a mi marido), me quedaba un montón de cuando era una esposa decente. Bueno, lo sigo siendo porque a Mateo no lo hago cornudo. Y nunca lo haré.
Como el día anterior, entré a la estación y me miraron todos. Esta vez había ido vestida con una calza demasiado metida en el culo, la verdad que, para como me vestía yo, era bastante zafada. Ya al salir de casa el portero se sorprendió, no dijo nada pero me cogió con la mirada, y yo haciéndome la tonta, la que iba al gimnasio o algo así. No estaba acostumbrada, me sentía radiografiada por todos los hombres, especialmente por los del barrio que me conocían y que siempre me veían ir y venir de la mano con mi marido. Pero no les voy a mentir, en un punto me calentaba de una manera nueva. En la estación fui al baño público y me cambié. Conservé la remerita corta y sin mangas y cambié la calza por la minifalda exigida. No había espejo en ese baño mugriento, pero sabía que con mis tetas y mi culo estaba para matar. Me paré en el andén, esperando como una tonta; parecía una puta, o una de esas mujeres exuberantes que les encanta vestirse y lucirse para llamar la atención de todo el mundo.

viernes, 17 de febrero de 2017

Juli (y el Cornudo de Tetas) V

JULI: Capítulo 5
(VERSIÓN 1.0)

Por Rebelde Buey


9.
—Te venís con el vestidito gris que te trajiste hace quince días… el que tiene esas cosas negras.
Las “cosas negras” eran costuras y detalles gris topo, y el vestido en cuestión era una prenda breve de modal gris claro muy delgado, súper ajustado, que terminaba en una falda cortísima. Arriba no tenía mangas, solo dos tiritas y escote interesante, que con mis pechos se convertía en escandaloso. Ya saben que tengo tremendas tetas y culazo, soy apenas rellenita y con forma de guitarra, así que esa prenda se convertía automáticamente en algo muy muy sensual y provocativo. La tela era tan delgada que se marcaban los bordes de la tanguita, prácticamente como si no tuviera nada, y como la tanga era de esas bien chiquitas que se me entierran entre las nalgas, el relieve terminaba de exponer lo puta que era: hacia afuera por la falda, y hacia adentro por la ropa interior que se veía sin mostrarse. Ir con eso por la calle era una invitación a que todos los hombres me miren y me griten groserías.
—No puedo salir de acá con eso puesto. Me va a ver el portero, los vecinos…
—No sé, bebé, arréglate —me cerró Bencina por teléfono.
—Además, a la vuelta me va a ver Mateo, ¿qué le voy a decir?
—A las seis en punto en la estación de Caballito, en el andén que va para Provincia.

viernes, 10 de febrero de 2017

Juli (y el Cornudo de Tetas) IV

JULI: Capítulo 4
(VERSIÓN 1.0)

Por Rebelde Buey


5.
Los siguientes tres sábados el jueguito de manosearme las tetas a espaldas de mi marido se convirtió en una rutina. Cada vez que él iba al auto, o al baño, o si iba a lavar los cacharros, Bencina, Wate o Adrián (y en ocasiones dos a la vez) me manoseaban las tetas con una impunidad de comedia italiana. Había decidido ir siempre sin corpiño y remeritas sueltas, para que no se note tanto el relieve de los pezones. Ya no me engañaba: quería el contacto de sus manos sobre mi piel. Abajo alterné minifalda con dos shorts, pero me tomé la precaución de comprarme unos pantaloncitos cortos no muy sexys pero sí sueltitos que permitieron varias veces meterme mano ahí abajo como si no llevara nada. Era casi ridículo, de lo palpable, que tanto los chicos como yo estábamos ansiosos y pendientes de cada movimiento de Mateo para aprovechar y comenzar con el manoseo furtivo. ¡Parecíamos pre adolescentes!
Pero no todo se dio en la sobremesa. Entre los tres sábados hubo dos momentos donde el jueguito se fue un poco de cause. Un día yo no me sentí bien, me bajó la presión y me la pasé un rato largo en el auto, con el aire acondicionado. Mateo me atendió al principio llevándome un vaso de 7up, pero en cuanto se puso a hacer el asado comenzaron a venir los chicos. Con más 7up, o un poco de asado. Se sentaban del lado del quincho, como para cubrir con su cuerpo, el mío. Y mientras hacían como que me atendían, me manoseaban.
—¿Te sentís mejor, Juli? —Bencina se colocaba de costado y me metía la mano bajo la remera. Enseguida encontraba mis pechos, que son grandes, y los pezones, que esta vez no estaban duros.
—No, Bencina…
—Mirá que no venga el cornudo.
—Por favor, me siento mal…
Pero a Bencina no le importaba. Se llenaba las manos con mis pechos y los amasaba como un bollo de pan.
—Qué buenas gomas tenés… no me voy a cansar de tocártelas…
—Bencina, hoy no…
—¡Shhht! ¡Vos mirá que no venga!

viernes, 3 de febrero de 2017

Juli (y el Cornudo de Tetas) III

JULI: Capítulo 3
(VERSIÓN 1.1)

Por Rebelde Buey


4.
El encuentro en el baño con Bencina pudo generarme alguna duda pero me disipó muchas otras. Que me manosearan las tetas no eran cuernos. A Bencina le gustaba y a mí, bueno, quizá también. Que mi marido estuviera siempre cerca de la vejación parecía sumar excitación, lo mismo que nombrarlo en voz alta con el apodo de cornudo. No podía negarlo.
Traté de llevar algo de esos encuentros bizarros a la cama, con Mateo. Fuera de aquel contexto tan particular, considerar a Mateo como cornudo no me gustaba, todo lo contrario. Que me manosearan fuerte, tampoco. Cogíamos normal, cogíamos bien.
Lo que sucedió la semana anterior iba a ser una excepción, no podía inventarle a Mateo una excusa semanal para irme diez minutos al baño, justo al salir. Me dejaría manosear por Bencina durante todo el campeonato, a espaldas de mi marido, y cuando el campeonato finalizara, él y yo haríamos como si nada hubiera pasado nunca, por el bien de él, del mío, y el de su amigo.
Fue la primera semana que estuve ansiosa por que llegara el sábado. No voy a mentirles: me pregunté y re pregunté muchas veces si estaba bien lo que sucedía, no tanto por una cuestión moral, pues no me sentía demasiado culpable por el hecho de que me manoseen, sino porque sus amigos se aprovechaban de él a sus espaldas y yo los ayudaba, y eso me ponía mal. Pero en cada oportunidad me decía lo mismo: que no era para tanto, que no eran cuernos, y que no se iba a enterar nunca porque las tetas me las tocaban cuando él estaba lejos.

viernes, 27 de enero de 2017

Juli (y el Cornudo de Tetas) II

JULI: Capítulo 2
(VERSIÓN 1.0)

Por Rebelde Buey


3.
—¿Y? ¿Qué vas a hacer?
El lunes le había dicho a Mateo que no iba a acompañarlo más a sus partidos de fútbol. Se desanimó un poco, le gustaba que lo viera y que lo acompañara. Y a mí también me gustaba. Me sentía más su mujer, allí metida en ese ámbito tan de él. Claro que desde que su amigo Bencina me manoseara los pechos a sus espaldas, ya no podía pensar en otra cosa. Pasaba con él toda la mañana del sábado, el medio día y buena parte de la tarde. En cambio el manoseo furtivo de su amigo solo habían sido unos pocos segundos en solo dos oportunidades. Entonces ¿por qué le daba tanta importancia? Supe que la pregunta no era esa.
La pregunta era por qué se lo había permitido. No son cuernos, me repetí durante toda la semana. Y no lo eran. Solo me había dejado tocar uno de mis pechos mientras Mateo no estaba, no era que me había dejado coger. Durante la semana siguiente Mateo me insistió que vaya, y yo, que había arrancado muy firme el lunes, el viernes ya le decía que iba a ver. Mi excusa era la limpieza de la casa. Pero el mismo sábado rogaba que me insistiera para ir.
—Bueno, voy —resolví—. Pero mañana ayudame a limpiar.
Decidí ir para frenarlo a Bencina. La última vez me había pedido que vaya sin corpiño. ¡Qué desfachatez! Tenía que decirle que ya cortara con el jueguito.
—Dale, vamos —me apuró Mateo con el bolso en la mano.
—¿Ahora? Dame quince minutos, no voy a ir así, ¡estoy re crota!
Estaba vestida como me había levantado. Un short de algodón y una remera de dormir.
—Vamos a un parque a comer un asado, después de un partido de futbol. ¿me estás jodiendo, amor?
No me dejó maquillarme, apenas si pude ponerme una pollera larga —como para mostrarle a Bencina que iba en plan decente— y un cepillo para arreglarme el cabello en el auto. A medio camino me di cuenta que de la cintura para arriba esta igual que como había dormido: con una camisetita de algodón sin mangas y sin corpiño. ¡Mierda!

viernes, 20 de enero de 2017

Juli (y el Cornudo de Tetas) I

JULI: Capítulo 1
(VERSIÓN 1.1.)

Por Rebelde Buey


1.
Antes que nada deben saber que nunca hice cornudo a mi marido. Y que jamás lo haré.
Dicho esto, debo aclarar que tampoco soy la Madre Teresa. Soy una mujer joven, sana, plena, con deseos y necesidades como cualquiera. No sé cómo funciona en los hombres, pero en nosotras no hay un patrón; un tipo te puede gustar por cualquier cosa: la manera de hablar, la seguridad que muestra, el humor, la inteligencia, lo que sea. Sí, también la facha; pero no es la facha lo que hace la diferencia, lo que te hace dudar de lo que nunca dudabas. Es la masculinidad. Que puede estar en la voz, en el olor, en una mirada.
No sé cuándo comenzó esto que voy a contarles. Sin dudas comenzó aquel día de futbol en el parque, cuando Bencina por primera vez me metió una mano en los pechos, con mi marido en el baño. Pero por supuesto comenzó antes, mucho antes, con las miradas… Yo diría que comenzó de novios, el mismo día que Mateo me presentó a sus amigos.
No me malentiendan, yo amaba a mi novio, el que hoy es mi esposo y sigo amando, pero en el instante en que me presentó a “sus chicos”, como él los llamaba, me di cuenta que eran más hombres que él. No, Mateo no es poco hombre. Ni marica. Ni metro sexual, siquiera. Mateo es un tipo común y corriente. Tampoco es que sus amigos son unos machos de película porno, solo tienen un plus de masculinidad por sobre mi amorcito. Bastante por encima.
Con esto no quiero decir que me eché a sus pies o me les insinué. No sean tontos, una mujer no hace eso. Tampoco me interesó ni me interesa hacer a mi marido cornudo. No lo necesito. Pero cuando los amigos de tu novio son más de ir al frente que él, más lanzados, más seguros, más masculinos… la cabeza te va trabajando de a poco y sin pausa. No es algo de lo que te des cuenta, y sucede a lo largo de los años. Recién caés el día que estás haciendo el amor con tu marido y tus pensamientos se te van a sus amigos. O cuando te preparás para ir a un cumpleaños al que sabés que va a ir uno de ellos y te ponés un poquito más sexy, con la excusa de estar linda para tu esposo.
Bencina —lo mismo que Adrián y Wate— me gustó desde el día que Mateo me lo presentó. El beso en la mejilla me acercó su aroma a colonia affter shave y un dejo muy suave a tabaco dulce. No hubo nada, por supuesto, no me interesaba nada de nada, mucho menos con amigos de mi novio. Los años siguientes fueron casi iguales, frecuentándonos seguido y jamás cruzando ningún límite. Hasta que en una salida grupal, donde corrió algo de alcohol, Bencina empezó a mirarme con otros ojos. O como dice él, yo vi con otros ojos cómo él me miraba, pues siempre me miró con deseo.

sábado, 31 de diciembre de 2016

Algo de Información sobre el Blog

Hola, amigos.
Estos días recibí varios mails de ustedes preguntándome qué pasaba con el blog, pues el último semestre casi no hay novedades y tampoco una explicación mía a esa ausencia.
Por eso este mensaje.

La ausencia de nuevos textos se debe a mi falta de tiempo en el mundo real. Estoy con muchos problemas de trabajo (tenía además un problema familiar, pero se solucionó) y eso me quitó tiempo para tipear y escribir cosas nuevas (recién estos días estoy escribiendo algunos relatos nuevos).

Sin embargo...
con o sin tiempo, todavía no sé qué voy a hacer con el blog.
Si desaparecerlo, cambiarlo de onda, abandonarlo, o monetizarlo.
La idea de monetizarlo es darle valor a mi trabajo. Lo que no sé todavía es si ponerlo en modo de suscripción anual o cuatrimestral, o ponerle un valor a cada relato (el valor de un café), o llenar el blog de avisos y pop-ups molestos (las ventanitas que se abren). El problema de la publicidad es que debe ser mucha sí o sí, y eso es muy molesto para los visitantes y afea el blog. En cambio, en caso de pasarlo a suscripción me comprometería a escribir dos relatos nuevos por mes.

¿Proyectos?
Si el blog sigue, ando con ganas de escribir historias con teens inocentes abusadas por hijos de puta bien mayores y mal habidos, algo así como fue DÍA DE ENTRENAMIENTO, pero sin negros. Por supuestos las teens tendrán noviecitos, pero los cuernos no serán taaan importantes.
También me gustaría abrir un espacio para quienes quieran escribir historias alternativas de los personajes de este blog.
Y por último quiero hacer algo con fotos: relatos con fotos o fotos que cuenten historias, todavía no lo sé. Quizá algún blog como fue CMRI o CUERNIX. No sé.

En fin, no sé cómo será 2017, pero seguro va a ser distinto.
Un abrazo para todos y que terminen bien el año y lo comiencen en paz.

Rebelde

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