viernes, 6 de mayo de 2016

Helina y su Benjamín
Anexo: El Cumple de Benji

Helina y su Benjamín – Anexo 3
El Cumple de Benji
(VERSIÓN 1.1)

Por Rebelde Buey


No fue para mi primer cumpleaños con tío Ricardo en casa. Habrá sido para el tercero o cuarto, porque fue después que a Helina me la empezaron a garchar también mis amigos. Es que con el paso del tiempo, ellos sin duda fueron viendo que mi tío se había instalado en casa, y habrán tomado nota que, de hecho, era él quien mandaba. El descubrimiento del cuartito para niños, que evidentemente estaba en uso pero no tenía justificación, incrementó las sospechas. Hasta que un día sucedió que dos de mis amigos vinieron a traerme unas entradas para la cancha, y uno de ellos tenía una descompostura padre. Obviamente cuando tío Ricardo estaba en casa garchándose a mi novia, yo no hacía pasar a nadie. Pero esta vez mi amigo se estaba haciendo en los pantalones y no hubo forma de negarle el baño, así que entró al departamento. Y mi otro amigo entró detrás, era ridículo dejarlo en la planta baja.
Tío Ricardo y mi novia cogían con la puerta de la habitación abierta y gritando como desaforados, sin saber que yo traía gente. Mi amigo fue corriendo al baño y el otro se quedó conmigo en silencio, en el living, escuchando el concierto de gemidos y puteadas de cogida que venían de la habitación. Puso cara de no entender, pero entendía todo.

—Heli debe estar viendo porno en la pieza —me disculpé.
Pero entonces apareció Helina, desnuda, sudada, espléndida, enlechada, con sus tetas grandes, llenas, siempre alertas, y sus ancas y nalgas generosas. Se sorprendió al ver a mi amigo y se ruborizó en el acto.
Y justo cuando mi otro amigo regresaba del baño y creí que iba a zafar, que aquello quedaría como una anécdota hot y graciosa que se contaría a mis espaldas sobre la exuberante desnudez de mi novia, el vozarrón de tío Ricardo llegó a todos nosotros, claro y desde la habitación.
—¡Heli, decile al cuerno que no haga más ruido y vení que ya estoy listo para el segundo polvo!
Juro que el alma se me fue del cuerpo. Que por un segundo me vi a mí mismo, a mi novia y a mis amigos desde arriba. Pero regresé en mí cuando tío Ricardo apareció en el living, también desnudo, reclamando:
—Mandalo a su cuarto y vení conmi…
Mi tío se congeló y calló al ver a mis amigos, y por cinco segundos interminables nadie habló ni se movió. Solo el vergón rechoncho y goteante se movía, pendulando entre las piernas de tío Ricardo, que habían quedado en compás.
Mis amigos se tropezaron entre excusas y buscaron la salida de inmediato. Los tuve que acompañar a abajo, para abrirles, en los que fueron los tres minutos más humillantes de mi vida. La espera en el pasillo, el viaje lento en el ascensor y hasta abrir la puerta, pues me costó encontrar las llaves.
—Chicos... —les rogué cuando por fin pude abrirles—, les pido por favor que no le cuenten a nadie... —Me lo aseguraron con la cabeza que no, obedientes y comprensivos—. Es que con Heli tenemos problemas y... —No sabía qué decir, estaba abochornado—. Es algo que ya vamos a resolver.
Me juraron que no me preocupara, que eso quedaba ahí, que no iban a contar nada, que lo que vieron para ellos nunca había existido.
Al mes me la estaban garchando ellos dos y tres amigos más, con tío Ricardo sacando fotos.


Ese cumpleaños iba a ser especial, me prometieron tanto mi novia como su macho —o "el macho de la casa”, como me instruyó Heli, porque "machos ya son muchos, mi amor, pero tío Ricardo es más que eso…".
—¿Me van a regalar el equipo de Messi?
Como todos los niños del mundo, yo soñaba con la camiseta, los pantaloncitos y medias del 10 del Barcelona. Iba a jugar futbol de salón con mis amigos una vez por semana y me encantaba la idea de lucir allí mi regalo.
—¡Sí, mi amor! —se alegró Heli tocándome la nariz. Estábamos rostro contra rostro, solo que yo arrodillado en el piso y ella semi recostada en el sillón y bombeada desde atrás por un boliviano que trajo un día el tío diciendo "desde hoy éste también te va a coger cuando quiera"—. Pero no solamente el equipo de Messi —agregó mi novia con ojos de promesa.
Me quedé esperando que continuara, pero el boliviano tenía un glande del tamaño de una albóndiga y mi Heli enseguida cerró los ojos y se quedó sin aliento. El turro color aceituna negra me la siguió bombeando como si yo no estuviera ahí.
—¿También la pelota? —insistí, viendo que ella ya retorcía con sus manitos el borde del sillón.
Mi novia abrió los ojos y bufó de placer.
—Con tío Ricardo te vamos a... Ahhhhh... te vamos a hacer... Ohhh síííííí... Me viene... una fiestita con todos tus… amiguitos... Ahhhhhh… —y empezó a acabar otra vez—. ¡¡¡AAAAAHHHHHHHH…!!!


No entendí qué había de especial en esa fiesta. A esas alturas todos mis amigos ya se habían enfiestado a Heli muchas veces mientras yo jugaba en el cuartito. Imaginé que sería lo mismo: ella recibiendo verga en nuestra habitación y yo en mi cuarto comiendo pastel y escuchándola gemir. Es decir, nada especial.
Hasta que cayó Fernando, el primero de mis amigos. Yo ya esperaba con mi pantalón corto y mi bonete. El living estaba decorado con carteles y banderines de Feliz Cumpleaños con motivos de Toy Story. Había Coca Cola y papas fritas, y vasitos de plástico.
—¡Mirá, mi amor, tío Fernando te trajo al primer invitado!
Y apareció Fernando con su hijo, un rubiecito con cara de mufa que llevaba un regalo envuelto en papel brilloso.
Me sentí humillado de una manera extraña, nueva. Mis amigos se garchaban a mi novia pero no me trataban como a un niño, aunque sí la veían tratarme como tal. Ahora traían a sus hijos para jugar conmigo, me iba a ver como un idiota mental jugando con criaturas. Fernando me acercó a su hijo y, aprovechando que éste le daba la espalda y que Helina se inclinaba hacia mí, le metió a mi novia una tremenda mano en el shortcito de algodón, uno estampado y bonito, que se le pegaba al cuerpo igual que una segunda piel, y le marcaba los glúteos y la raya como si estuviese desnuda.
No alcancé a protestar —la verdad es que no hubiera sabido cómo hacerlo—, cuando dos más de mis amigos llegaron con sus hijos también.
A las tres de la tarde yo estaba en el living, rodeado de niños, y mi novia Helina, yendo y viniendo a la cocina, también rodeada, pero de chacales que solo querían aprovecharse de ella y la manoseaban impunemente delante de mí y de mis “invitados”.
Me llamó la atención que no estuviera tío Ricardo, hasta que se escucharon las llaves y mi novia me anunció, toda felicidad:
—Ahí llegó tío Ricardo, Benjamín, y viene con la mujer que los va a cuidar a ustedes los chicos, mientras tus tíos y yo festejamos como grandes.
Se abrió la puerta y apareció tío Ricardo, y detrás de él, tapada por él, que estaba delante, una mujer de cabello platinado, exuberante, que iba en minifalda escandalosa y botas bien altas. Tío Ricardo se movió y vi con horror que esa mujer culona y tetona, vestida como una puta, era mamá.
—¡Mi amor! —vino corriendo a besarme. Mis amigos se quedaron de una pieza. Mi madre no sería una modelo como mi novia, pero a sus 50 estaba impecable; no había dejado de cornear a papá un solo día así que su cuerpo estaba vigente gracias a un estricto programa de gimnasia sexual y verga.
Mis amigos se la comieron con los ojos. Las botas, la minifalda negra y el escote que enmarcaban las tetas eran una invitación a tomarla como una puta barata. Recordé en ese momento que ya en la secundaria ellos hacían comentarios de lo buena que estaba, y de seguro se la querrían coger desde aquella época.
—¡Mamá! —dije balbuceando, no muy feliz, lleno de dudas.
Helina se agachó para hablarme.
—Tu mami se va a quedar acá con ustedes y los va a cuidar y a servir… —Hizo una pausa porque tío Ricardo se puso a su lado, de pie, y ella se distrajo con el bulto, que le quedó a la altura del rostro— mientras yo voy a servir a todos los grandes...
Yo estaba furioso, rojo de impotencia, de humillación. Y más cuando mamá se agachó y me tomó las mejillas, y Fernando, disimuladamente, le metió una sucia mano bajo su minifalda.
Mi novia dijo:
—Bueno, ya está arreglado lo del cuerno, vamos.
Y se dirigió a la habitación con mis cinco amigos y tío Ricardo.
Vi el pasillo, mis cinco amigos desapareciendo en la puerta del dormitorio, con Helina, y por último a tío Ricardo, que cerró tras de sí.
Mamá vino con unas gaseosas y comenzó a servirnos a todos los chicos. Yo no entendía nada.
—¡Mamá!, ¿qué hacés acá? ¿Dónde está papá?
—En casa. Papá es el rey de los pelotudos, mi amor, nunca se entera de nada.
Los chicos me miraron sin comprender, sin saber por qué estaban allí ni qué debían hacer. Nunca habían ido a un cumpleaños como ese. Un pequeño pícaro hizo como que jugaba en el suelo para mirarle bajo la minifalda a mamá, que la tenía casi en el filo de las nalguillas.
—¿Y por qué viniste vestida así? ¿Te vas a algún lado, después?
Mamá largó una carcajada.
—Ay, mi amor. Seguís tan inocente como siempre... Me vestí así porque así le gusta a tu tío Ricardo… —y suspiró—. Además, me dijo que este estilo de ropa le iba a gustar a tus amigos.
Enmudecí. Me había acostumbrado, a lo largo de los años, a que a mamá se la cogiera tío Ricardo y todos sus compañeros del predio del sindicato de aquella época que ya les conté. Lo mismo que los comerciantes del barrio, o algunos compañeros de trabajo de papá, o su jefe o un sinfín de vecinos... ¡pero mis amigos no!
Los niños estaban aburridos y comenzaron a tocar todo. Entonces del pasillo comenzaron a venir los jadeos y gritos de Heli, y algunas risotadas masculinas.
—Mamá, poneles la Play que yo voy a decirles que cojan en silencio.
Llegué a la puerta de la habitación, donde el ruido de la cogida era manifiesto. Heli jadeaba como una puta:
—Ahhh… Ahhh… Ahhh… Más fuerte, Fer, haceme mierda…
Y mi amigo:
—¡Pará, putón, te van a escuchar desde el living!
Pero también gemían hombres. Me asomé por la cerradura y espié. Heli estaba en el borde de la cama, acostada boca arriba, con el culo en el aire y las piernas abiertas. En el medio y de frente me la bombeaba Fernando, que la sostenía de las pantorrillas y le surtía verga hasta el fondo. Mati, otro amigo, se hacía chupar la pija arrodillado casi sobre la cabeza de mi novia.
—Ohhh… por Dios, Ricardo, cómo me llenás de verga… ¡Metémela más! ¡Metémela más!
¿Tío Ricardo? Observé mejor y me di cuenta que mi amorcito no estaba acostaba sobre la cama sino sobre el hijo de mil putas de mi tío que, desde abajo, la tenía ensartada por el culo hasta la mitad de la pija. El cuerpo de Fernando bombeándola desde adelante no me había dejado verla.
Me indigné y golpeé la puerta con fuerza.
—¡No me la cojan tan fuerte que se escucha todo... !
Con el golpe la puerta se entreabrió. Los gemidos de mi novia se escucharon muchísimo más fuertes, y me sentí tan fuera de lugar que me entró una especie de pánico y volví corriendo con mamá.
Pero cuando llegué me agarró más pánico todavía.
La Play estaba encendida aunque nadie le jugaba. Con los cables del joystick los chicos habían enredado a mamá y la habían tirado en el sillón, a lo largo, y mientras mamá buscaba zafarse de la trampa, mis “pequeños invitados” se aprovechaban para manosearla. No era que le rozaban la cola como sin querer, era que le metían mano y dedos en el culo y concha, manos profundas. Le estiraban la tanguita, le habían sacado los pechos de la taza del corpiño y le retorcían los pezones. Eran travesuras infantiles, supongo, nada realmente serio —creo—, pero era bochornoso. Y más bochornoso aún era que mamá luchaba menos de lo que me hubiese gustado.
—Hijo... —me pidió—. Mandame al que no se esté cogiendo a tu novia para que venga a ayudarme. ¡Estos chicos se están descontrolando!
Fui de una corrida y empujé la puerta de la habitación. Fernando ya tenía los pies de mi novia sobre sus hombros y le entraba verga como un preso. El hijo de puta de tío Ricardo ya tenía más de media verga dentro del culo, bastante más. Helina, en medio de seis hombres como la yema de un huevo, se quitó una pija de la boca y dejó de pajear la otra.
—Benji… ¿qué dijimos de entrar a la habitación cuando está tío Ricardo o algún señor grande…?
Yo sabía que estaba en falta, que no debía estar allí. Sin poder quitar la vista de la doble penetración, traté de explicar:
—Es mamá, necesita la ayuda de los que no estén ocupados.
Dos de mis amigos, que estaban en calzoncillos, comenzaron a salir. Fernando se salió de mi Heli, y le habló al tercero.
—Vení, cogétela vos un cachito. Yo le voy a dar un rato a la mamá de Benjamín, que siempre le tuve ganas...
Y el otro turro, Juanma, tomó las piernas de mi novia, entregadas por mi otro amigo, se acomodó en el medio, se bajó el calzoncillo hasta las rodillas, puerteó, empujó, volvió a acomodar, y finalmente clavó adentro de mi novia, delante mío, delante de todos, así nomás como les digo, como si nada, como si mi novia fuera una puta contratada para una despedida de solteros.
Así que dos se fueron y yo me quedé. A tío Ricardo no le gustó.
—¿Qué quiere el maricón de tu novio?¡Que se vaya!
—Dejalo... —jadeó Heli, que ya comenzaba a ser usada de nuevo—. Dejalo que mire… Ahhh… Después se hace una pajita y se le pasa… Ahhh…
En la cara tenía dos pijas, una a cada lado, que chupaba un rato una, un rato la otra. A veces sostenía las dos pijas en la mano y hablaba:
—¡Más adentro, tío Ricardo! ¡La quiero sentir haciendo tope!
—En esta posición no entra más, bebé... Si querés las dos pijas hasta los huevos, vamos a tener que cambiar.
Tío Ricardo detuvo todo, levantó a mi novia de la cintura como si no pesara nada —¡de verdad que era un macho!— y organizó la cogida.
—Me la voy a clavar en el aire —le explicó a Juanma—. Cuando la tenga hasta los huevos, vos le entrás por el culo. A fondo. Yo ya te la ensanché.
Juanma asintió, mi novia suspiró de ansias, sonriendo.
Los demás quisieron saber:
—¿Y nosotros, qué?
—Ustedes le van haciendo el orto a medida que el anterior se vaya deslechando... Si les da asco meter la pija con la guasca de otro, ahí está el cornudo para limpiar.
Semejante naturalización de mis cuernos me indignó, pero nunca en mi vida había logrado enfrentar a tío Ricardo, ni siquiera a cuestionarlo. Había aprendido de chico que contradecirlo significaba terminar con una verga enterrada por completo en mi culo, o una serie de sopapos violentos en pleno rostro. O ambos.
Me la empezaron a coger de a turnos, en esa doble penetración vil. Heli montada sobre el vergón de tío, de frente a él, asida a su cuello y enganchada en la cintura con sus piernas. La cola redonda, llena, perfecta, de novia emputecida y voluptuosa en el aire, regalada para quien quisiera usarla. Juanma le manoseó el culo con lujuria, ahí delante mío. Tenía la pija durísima, brillosa de los jugos de ella. Manoseó más, la tomó de las nalgas, se agarró el tronco, apuntó al agujerito del ano de mi Heli y me miró:
—Permiso, Benjamín... Esto es por el bien de tu novia.
Y puerteó con el glande el cuerito estrecho de mi amorcito. Y empujó.
—¡¡Ahhhhhhhhh…!!! —jadeó Helina.
—Uyyyyy, mi amor, ya me había olvidado lo estrechita que eras por el culo…
Tío Ricardo seguía bombeándola, aunque más despacio, para que la subida y bajada de mi novia sobre su verga no entorpeciera la penetración anal de mi amigo.
—Ay, Juanma, qué bien te siento... Ahhhhh… ¡Qué bien se sienten las dos pijas adentro…!
Por más que mi novia sea realmente estrechita —y puedo dar fe de ello por experiencia propia, pues todos mis amigos me lo dicen—, la colita delicada de ella recibe tantas pijas, y encima el vergón de tío Ricardo ya había entrado un minuto antes, que Juanma ya tenía enterrada más de media verga en la cuarta estocada. Para la sexta ya la pija perforaba completa, desde la punta, cuando salía, y hasta los pelos.
—¡Ohhh… por Dios…! —lagrimeaba de placer mi novia, con el rostro recostado sobre el hombro de tío Ricardo— Me siento tan llena… tan llena, tío…
La sincronización entre los dos machos fue inmediata. Es que tío Ricardo se la cogía así, con conocidos de él, cada dos por tres. Para mis amigos, en cambio, era la primera vez. Quizá por eso, o porque los otros estaban esperando, Juanma no tardó más de cinco minutos en anunciar:
—Te lleno, Heli... Siempre quise llenarte el culo de esta manera... Por fin…
—¡Dámela! ¡Dámela, Juanma, y dedicásela al cornudo!
¿De dónde había sacado Heli ese gusto tan morboso? Por suerte mis amigos no se enganchaban en esas tonterías, me respetaban y la respetaban demasiado para algo así.
—¡Ahí te va el lechazo, putón! ¡Abrí bien que te hago un enema de leche, pedazo de puta!
Juanma le gritaba esto sacado por completo, tomado de las nalgas de mi novia y clavando con una violencia que parecía que no se la hubiese cogido nunca, cuando en verdad ya se la había cogido más veces que yo.
—¡¡¡Ahhhhhhhhh…!!! —se descargó por fin—. ¡¡¡Ahhhhhhh…!!! —siguió deslechándose.
Seguía bombeándomela mientras le acababa, y yo no podía quitar la vista de su verga colorada entrando y saliendo sin parar, primero brillosa y transparente y enseguida brillosa y blanquecina, como embadurnada de engrudo. Tío Ricardo también la seguía bombeando, y la sostenía en el aire, pero eso no me sorprendía: tío Ricardo era el macho de la casa. El más macho de todos los machos que había visto cogerse a mi novia. Era un orgullo que ese pedazo de macho se garchara a mi novia. Si no fuera que a mí no me gusta que se cojan a mi novia, claro.
Con la leche aun chorreando del culo de Heli, la verga del segundo —Mati— entró como si nada. Por suerte no quiso que la limpiara, así que solo me dediqué a mirar, con una erección típica del estrés, que no se me bajaba con nada.
Fue mucho bombeo después, con mi novia empapada de transpiración y cuando Mati ya le estaba acabando adentro del culo, que apareció otra vez mamá, en la puerta y sin la minifalda, con el escote desencajado, el maquillaje corrido y los cabellos medio revueltos. Y toda la cara y los pechos enlechados.
—Benji, andá al living a jugar con tus amiguitos que los más grandes no me pueden coger tranquilos.
No esperó mi respuesta, entró, y detrás de ella Fernando y el otros que había ido a enfiestársela. Entraron y cerraron la puerta, con el ruido de los chicos exaltados queriendo ingresar. Adentro, ya Mati había salido y mi otro amigo comenzaba a bombear también el culito de mi novia.
—¡No quiero ir a jugar con ellos! —me quejé— ¡No son mis amigos!
Y como yo parecía empacado, Heli —taladrada hasta la garganta por tío Ricardo y hamacada desde atrás por mi amigo— me miró con su carita más maternal y me pidió, como quien le pide a un nene:
—Mi amor... Ahhhhh... como sos un nene grande... Ahhhh... voy a nombrarte... Ahhhh por Dios... —se la estaban clavando dos pijas sincronizadas, cuando el tío la retiraba, mi amigo le llenaba el culo de verga, y cuando éste salía, el que penetraba era mi tío— …voy a nombrarte el Guardián de la habitación…
Había arrancado mirándome, pero cuando alguna de las pijas le tocaba el alma de puta, entrecerraba los ojos—. Vas a ser el Guardián... Ahhhhh... Tu misión va a ser… ¡Uhhh…! que no entre ningún chico...
—¡Sí! —exclamé entusiasmado— ¡Voy a ser el Guardián!
Miré la verga de mi amigo entrar y salir por completo del culazo de mi novia, le vi la cabeza roja, hinchada del esfuerzo de horadar el cuerito de mi Heli, de ese cuerito que nunca había sido mío. Me pregunté guardián de qué. Fui hasta la puerta, y en el abrir y cerrar tratando que ningún chiquillo ingrese, pude ver a mamá subiendo a la cama, rodeada de mis otros amigos y gateando cola en punta, y sonriendo regalada a cualquier verga.
La verdad que eso de ser el guardián me gustaba pero yo quería estar adentro de la habitación, viendo al macho de la casa taladrar a mi mami y a mi novia, y a mis amigos aprovechar y abusar de las migajas. Había visto a tío Ricardo cogerse a mamá durante toda mi infancia, y luego a mi novia. Pero nunca a las dos juntas.
Otra vez comenzaron a escucharse los jadeos, esta vez de Heli y mami, y otra vez yo estaba de este lado de la puerta. Pero acompañado de un puñado de chiquillos desesperados por ver.
—¡Dejanos entrar, cornudo! —me gritaban descontentos.
Yo les flanqueaba la puerta, y los quitaba de allí con mis manos. De fondo se escuchaba a mi Heli con el culo lleno de verga.
—Así... Así, más fuerte, Joaquín… Rompeme el culo… Más fuerte… ¡Más fuerte!
Los chiquillos estaban desesperados. Tuve que empujar a un par con mucha fuerza, y a otros, amenazarlos. Pero era imposible. Tan difícil estaba la situación que en un momento tuve que negociar.
—Está bien, ¡paren! Vamos a espiar un poquito a ver qué hacen los grandes.
—Se cogen a la puta de tu novia, ¡eso hacen!
Les dije que no era así, pero nadie me escuchó. Uno de los chicos se agachó un poquito y espió, mientras los otros lo querían quitar de allí para espiar ellos.
—¡Sí que se la cogen, cornudo! ¡Le están haciendo sanguchito!
Como los otros seguían empujando tuve que poner orden, de otro modo había peligro de que se abriera la puerta.
—¡Basta, chicos, no empujen! ¡De a uno todos van a poder ver cómo sus padres se cogen a mi novia!
De esa manera los organicé. El más grande de ellos ya estaba con el ojo en la cerradura, así que puse a los demás en fila india. Era bizarro, los hijos de mis amigos formados en el pasillo, con los jadeos de mis dos mujeres de fondo, los gemidos de los machos, y los pedidos:
—¡Más pija, tío Ricardo! ¡La quiero hasta los huevos!
—¡Te está haciendo tope, pedazo de puta! ¡Necesitás dos pijas por agujero!
El chico que espiaba quitó el ojo un segundo y me miró:
—¡Qué pedazo de puta es tu novia, cornudo! ¡Le están dando entre tres!
Me avergonzó tanto el comentario que ejercí mi autoridad para vengarme de él.
—Bueno, listo, salí de ahí que tienen que espiar todos.
Con el cambio de observador también vino un cambio de voces: Mamá.
—¡¡Ahhhh, síííííí, Fer...!! ¡¡Cómo me cogés, pendejo!, ¡cómo me llenás el culo!
—Sí, putita… por fin se me da… Te lo quise usar desde que tenía diecisiete años…
Y así fueron pasando los chicos, escuchando ese concierto y espiando por la cerradura, aunque realmente no sé cuánto veían. Hasta que fue mi turno —el último. Me arrodillé en la puerta y llegué a ver a mi novia y a mamá en el borde de la cama, con el culo para afuera y tío Ricardo y mis amigos detrás, dos de ellos cogiéndomelas y los otros esperando y tomando el reemplazo enseguida. No esperaban a que les acabaran, simplemente las iban usando como putas, cogiéndoselas y mirándose entre ellos, riendo y burlándose de lo reventadas que eran.
Estuve viendo cómo se iban cogiendo a mamá y a mi novia uno a uno, por el culo, por la concha, en ese sistema de postas de pija. Hasta que uno de ellos no aguantó más, o no quiso esperar más, y le volcó la leche a mamá. Vi el culazo gordo y rechoncho de ella temblar, lo vi amasado y penetrado por Joaquín, que la clavaba hasta los huevos. Y escuché su gorgoteo pastoso de macho derramándose.
—¡¡¡Sí, putón, sííííí…!!! ¡Te la estoy volcando, vieja puta!
Calumnias: mamá no era tan vieja.
—Llename, bebé… ¡¡Llename el culo de leche que se la llevo al papá de Benjamín!!
Y Fernando le estaba por acabar a mi novia.
—¿Te lo suelto adentro o en la espalda, putita?
—¡Adentro, Fer! ¡Siempre adentro, así el cornudo después me limpia!
Y entonces Fer, que siempre se llevó bien con mi Heli, le dio ese gusto. Siguió bombeándola y aceleró la serruchada. Le comenzaron a temblar las piernas, se tensó y de pronto mandó la pelvis a fondo. Al infinito y más allá.
—¡¡¡¡¡Ahhhhhhhhhh...!!!!!
Y me la llenó. Por la concha. Otra vez.
Y Heli, sacada como tantas veces:
—¡¡Sí, sí, sí por Dios, decime que me estás llenando!!
—¡Tomá, puta, tomá! ¡Toda la leche por adentro, hija de puta!
—¡¡Sí, Fer, sí!! ¡¡Hacele un hermanito a Benjamín!!
Fer seguía bombeando como un poseso, agarrándola de las ancas y clavando con furia. De a poco se fue aflojando y mi novia, que no había acabado aún, pidió más pija.
—Que pase el próximo...
A mamá ya me la estaba surtiendo de leche otro de mis amigos. Estaban como obsesionados saldando vaya a saber qué vieja deuda personal. Me la llenaron todos mis amigos. Algunos por la concha, otros por el culo. Algunos en esa sesión, otros una hora después.
Porque mi cumpleaños siguió hasta el final de la tarde, cuando volví de llevar al MacDonals a todos los hijos de mis amigos.
Fue un cumpleaños raro. Sin torta. Sin regalos. Sin piñata. Lo único que sí hubo fue que cuando se fueron mis amigos, tío Ricardo me obligó a soplar la velita. Bueno, el velón, porque me hizo arrodillar y soplarle la verga mientras mi novia me miraba, se reía y me filmaba.
Todavía tengo el recuerdo. Y la filmación, que me hacen ver cada tanto.
Ella:
—¡Muy bien, Benji, cómo soplás la velita!
Yo:
—Mmmmmmffffgghhhh…
Tío Ricardo:
—Tragá, putito, tragá todo hasta la base...
A partir de ese día, en todos los cumpleaños se hizo tradición que yo terminara arrodillado, soplando las velitas. La de tío Ricardo y la de los que se quedan hasta el final del festejo.
  
FIN —
  
¡¡Gracias a Mikel por ayudar con el tipeo del relato!!



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22 comentarios:

  1. Boche de oro para cerrar. El mejor de los anexos. Hecho de meno un poco más de diálogos de las hembras entregadas. Pero tener en la misma orgia a la novia y la madre redondea la historia. Muy bueno maestro...

    Hielo negro

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  2. Estoy de acuerdo con Hielo Negro, muy buen fin de relato, y terrible la soplada de velitas... Re putazo quedó hecho...

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    1. jajaja!! y bueno, en realidad, según la historia de vida de Benji, así se inició ^_^

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  3. Otra fabulosa historia. Me encanta como Ricardo ya le permite a los amigos de Benjamin cojerse a Helina. Definitivamente el es el macho de la casa. Y la mama aun mas puta todavía. Excelente.

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    1. claaaaaro... ya desde que se instala en la casa de Benji y hace y deshace como quiere, es el macho de la casa =P

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  4. El problema con tus relatos, Rebelde, es que son ADICTIVOS..Y..¿que ocurre con las adicciones??? Que el organismo de que recibe se acostumbra a la dosis, se habitúa y va a pedir MASSS....SIEMPRE MÁS...me veo una fistita con PAYASO MALAONDA ANIMANDO....

    carlosnava57@hotmail.com

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    1. Carlos, ya tengo el nombre para el Payaso: "Pijon Fijo" jajajaja!!!

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    2. y...los payasos tiene una ganada fama de "animar fiestitas"...en EEUU son todo una pasión de los que gustan de lo extremo y lo freak..
      carlos "benji" nava

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    3. PUI: o Pijón Fifo jajaja

      CARLOS:
      tengo en carpeta algo parecido, muy bizarro, inspirado en unas fotos qu vi en Instagram, sobre un "mascota" de equipo americano de basket ball, un ser bizarro que se garcha a todas las porristas, la mayoría novias de los jugadores. viajes, pasillos, vestuarios, pero el tipo se las garcha con el disfraz de pajarraco o algo así.
      Supongo algún día antes de morir lo escribiré, jajaja

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  5. Expectacular final de fiesta increible llena de morbo y con la incorporacion de la mama uffffffff

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  6. Sencillamente deliciosa la fiesta. Gran relato como siempre!

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  7. Hola Rebelde excelente pagina muy buena he leído muchos de tus relatos y series eres muy bueno algunos relatos les das un final que no esperas y son diferentes a lo que imaginabas, saludos desde México, un abrazo.

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    1. gracias, CHARLY. salvo en el tema y la estructura, pues todos los relatos son de cómo una mujer hace cornudo a su hombre, trato de sorprender con lo que puedo, detalles, finales, o incluso inicios, cuando se puede. más que nada detalles o a veces personajes que parecen que van a ser el macho del relato y solo pasan de largo. gracias pro notarlo =)

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  8. Hola Rebelde! Despues de decir GRACIAS, van una buena y una mala:
    La buena: que fiestita por diossss, como quiero se amigo del Benja!! Aunque si lo fuera, a la mamá le debutaba el culo enj la secundaria, jaja!
    La mala: no podes poner el reloj en cuenta regresiva y cuando lletga a cero poner "en el curso del dia"!!! Me aguante el sueño desde las 22, porque me levanto MUY temprano, y cuando llego a cero me queria matarrrr!!! @#&%&#@#%&!!!!! Jajaja eso se llama SADISMO jajaja!!!
    Gracias again, como siempre!!!

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    1. te pido mil disculpas, no fue a propósito. la verdad es que pensé que estaba ya programado, y no era así (vengo con muchos cuelgues últimamente porque estoy con mucho lío en la vida "real").
      Por otro lado no pensé que hubiera gente esperando ansioso y contando las horas.
      Fue sin querer y te pido disculpas a vos y a algún otro en tu misma situación

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  9. Paren las rotativas!! Rebelde, nos tenes q explicar por qué no invitaron a la fiestita a Evaristo, el cornudo amiguito de aBenja, que jugaba con el baldecito mientras en la carpa el hijo de puta de Ricardo le garchaba a su mujer, la gordita puta Mariana!!!!

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    1. básicamente, porque este es otro relato. uno no puede ir sumando a cada capítulo los personajes anteriores porque llega un punto en que se te amontonan (aunque a veces lo hago porque la tentación es grande, jejeje...)
      de todos modos, medio que me quedó un poco de ganas de escribir algo más con los dos cornudos a la vez. Quién te dice algún día me anime.

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  10. PRIMERO.-
    Ya lo hemos dicho muchas veces pero…? es la verdad.
    Nos agrada MUCHO, la mezcla de morbo y humor, es GENIAL!
    Aquí un poco, de eso:

    A).- Ahora traían a sus hijos para jugar conmigo, me iba a ver como un idiota, Jaja Me sentí humillado de una manera extraña, nueva.
    B).- Las botas, la minifalda negra y el escote que enmarcaban las tetas eran una invitación a tomarla como una puta barata”
    C).- Sus reclamos valen mil.-
    Me indigné y golpeé la puerta con fuerza.
    —¡No me la cojan tan fuerte que se escucha todo... !
    Con el golpe la puerta se entreabrió.
    - y me sentí tan fuera de lugar que me entró una especie de pánico y volví corriendo
    D).- Mándame al que no se esté cogiendo a tu novia
    E).- —Uyyyyy, mi amor, ya me había olvidado lo estrechita que eras por el culo.
    -y puedo dar fe de ello por experiencia propia, pues todos mis amigos me lo dicen
    —, la colita delicada de ella recibe tantas pijas
    F).- Pero eso SI, ya logro un avance, “¡Ahora puede ver CON PERMISO!”
    —. Déjalo que mire.

    Sin duda sus relatos están llenos de situaciones que los hacen muy agradables.

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    1. la mezcla me sale natural, porque yo veo el sexo como algo para disfrutar, pero además porque lo de los cuernos lo veo como algo lúdico, un juego de adultos. supongo será eso

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  11. SEGUNDO.-
    Pero ahora un reclamo.
    Nosotros esperábamos que cuando Helina entregara a SU cornudo, FRENTE - ante su macho, fuera un poco más ceremonioso, dice mi mujer ¡ESPECIAL!

    Como dice ella, todos saben que los recién casados ¡ya cogen desde antes! del matrimonio, pero…?
    Eso NO impide que la novia se vista de blanco y se haga un baile y cena.
    Eso lo hace para que: ya sea oficial que se la van a meter, de manera oficial.

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    1. es que en este caso el cornudo es usado por tío Ricardo desde antes de que el tío se la garche a Helina. En el primer capítulo se relata cómo el tío se la cogió por primera vez, en una reunión familiar.
      Salvo que me estés hablando de el día que Helina y Benjamín se casaron (si es que se casaron), pero es harina de otro costal (o de otro relato, jejej)

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  12. CON TODO EL MORBO QUE LE PONES QUE NOS TIENES PEGADOS A T BLOG ESPERANDO UN NUEVO RELATO. EXCELENTE. cazadora072

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Se publica el 15 de Septiembre

Se publica el 15 de Septiembre
Las cuotas no están al día. El cornudo, tampoco. La única que está al día es Gimena, que en ese club garcha cada vez más y con más tipos.